Macanudo de Liniers

Macanudo de Liniers
"¿Y si no fuésemos otra cosa que los brazos de una voz?" Decir. Maliyel Beverido
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martes, 28 de febrero de 2017

Memoria grabada en piedra



En un ataque antisemita dañan más decien tumbas en el 
Cementerio Mount Carmel en Philadelphia, USA
En Philadelphia, USA, ha ocurrido una muestra más de la ola de odio que se ha expandido en ese país, desde la última elección presidencial: este 26 de febrero han destruido más de cien tumbas de un cementerio judío como un atentado evidentemente antisemita. Paradójicamente el nombre de la ciudad significa "amor fraternal" y habla de inclusión al considerarse a todos los habitantes “como hermanos”. Aún ante este hecho aberrante, no todo está perdido pues, ciudadanos se han ofrecido voluntariamente para reparar los daños causados en este acto vandálico. 

En un ataque antisemita dañan más decien tumbas en el 
Cementerio Mount Carmel en Philadelphia, USA

En un ataque antisemita dañan más decien tumbas en el 
Cementerio Mount Carmel en Philadelphia, USA


Voluntarios tratan de componer los daños causados contra las
tumbas del cementerio judío Mount Carmel en la ciudad de
Philadelphia, USA.

Voluntarios tratan de componer los daños causados contra las
tumbas del cementerio judío Mount Carmel en la ciudad de
Philadelphia, USA.

Voluntarios tratan de componer los daños causados contra las
tumbas del cementerio judío Mount Carmel en la ciudad de
Philadelphia, USA.


Para tratar de contrarrestar el odio, la memoria es un elemento infalible, por lo cual, reproduciré un fragmento escrito por Myriam Moscona, en Ladino o Djudezmo, para hablar sobre las tumbas, epitafios y la forma de recordar a los muertos. Debido a la cercanía con nuestro idioma, pues se trata de español antiguo, el contenido se comprende fácilmente ya sea leyéndolo en voz baja o ayudándose de la voz para capturar el sonido y, por tanto, el significado:

La cuarta pared

La tía Ema

Me topo ande me topo…guaideminó!
Esto i mirando i meldando lo ke se enkontró en las tombas de este jardin. Tombas de los papús de muestras vavás. Esta eskrito en letras evreas, ama kuando las meldas, la signifikasión es la muestra, la djudeo-espanyola.

Kero decir ke meldando i meldando me rakontrí kon una djoya, kon un bijú. No está eskrito arriba de la tomba, no. A un ladiko, fizieron una gravura en una piedra preta, con grandes letras grizes:
“Murio komiendo i beviendo, amando a su famiya. Pedronarlo. Agora no se alevanta a decir Shalom”.

La tomba es de Dov Ben-Ezrá, nazido en Pazarij, Bulgaria, en el mil i ochosientos i kinze i moerto en Istambol en el mil i ochosientos noventa i sesh. A Dov, lo tengo meldado, le plaziya komer a la media noche el gizado de la tadre. Por esto le yamavamos “papón”, poke ansina nomvravamos a kenes komen en demaziya.

Me faze akodrarme de un epitafio ke malorozamente no le eskrivieron, asegún su dezejo, al señor del sinemá, Groucho Marx. Esto kerya para su tomba Monsieur Marx. Lo sé porke Slomoniko me lo dijo:
“Pido pedrón por no ponerme empies”.

Otro de estos ombres lokos, era un gurús, mérchant, malo ombre, eskrivano kon el nombre de Donatien Alphonse François de Sade, moerto en el mil i ochosientos i katorze. Savesh  kualo eskrivió para su tomba? Naldo el epitafio:
“Si no biví mas es por mo ke no tuve mas tiempo”.

Ansí  biva mi señor padre ke esto es verdrá!
Ama lo de Dov es mas ekstranyo, mas sorpresa ke la famiya dejara este mo eskrito en la piedra diciendo ke le plazia komer komo un papón. Ansí va a entrar a la eternidad, a Gan Edén? Apretando entre los mushos un bokado i riyendo  kon boka serrada para ke el Dio vea su grande edukasion? Los djidyós lo sabemos: ken riye kon el bokado adientro es asco de ver. El Dio en los sielos kudie i torne bendichos a todos los moertos, los jaraganes, los papones, ainda a los gurús.

Ande iremos nosotros a morir? Ainda no ezkribí mi epitafio. Kale penzar en algo ande se diga ke fui una grande de la kostura? Ke mis sávanas kosidas ya fueron orguyozas de presentar el sinemá de una a otra banda por toda la Bulgaria? Kale no avlar en demaziya. Ama esto avlando agora para dezirvosh la vedrá:

So aedada i tengo miedo de morir. Kiziera fuyirme fin a los kavos del mundo para ke no me tope en mi lectho la moerte preta. Kero fuyirme ande no echen gotikas de azeite irviendo o de agua suzia.

No kero pensar ni gritar “saken a esta mujer de la oscurantina”. Siempre me plazió morar en kazales kon vistas a una plazika kon luz.

La moerte te lleva a kazales sin ventanas. Guadre la ora muestro Senyor. Menteroza no so. Espanto tengo i muncho. Solos, solitikos komo perros vamos todos a kedar en el payis de los grandes silensios. Ainda no kero morir, ainda kero eztar en este mundo.


*Fragmento tomado de: Moscona, Myriam. Tela de sevoya. Debols!llo, 2016. pp: 169-170



Siempre



Poema de Juan Gelman, publicado en su libro, Cólera buey 




viernes, 26 de agosto de 2016

Versos de Ayotzinapa









Versos de Ayotzinapa

Carmina Cannavino

Yo no sé cómo empezar

A cantar esto que debo

Más si he de partir de cero

Tendría que preguntar

¿Cómo se puede morar

En tal nivel de injusticia?.

Triste comenzó Septiembre

Por la tragedia nefasta

La bandera a media asta

Que no dure hasta noviembre

Hoy resuenan en mi mente

Las voces de Ayotzinapa.

Hoy mi canto se ilumina

Con valiente muchachada

No acallarán mi tonada

Aunque el gobierno reprima

Soy la copla que camina

Entre miles que se expanden.

Que no ceje el estudiante

Ni el consciente ciudadano

Hasta que doblen la mano

Los tozudos gobernantes

Somos marcha de gigantes

Y no volvemos pa'tras

Hoy plantaremos semillas

Por amor a nuestros hijos

Que no nazcan sin cobijos

Sin flores de maravillas

Que los pueblos necesitan

Una educación gratuita (Ana Baeza)

Es dantesca la inmundicia

Del gobierno que no escucha

Que reprime nuestras luchas

Enviándonos sus secuaces

Por más que uno los delate

Persisten en su impudicia.

Los políticos no saben

Dónde buscar un motivo

Algún expiatorio chivo

Para que sus culpas laven

En sus bolsillos no caben

Más sobornos, más ultrajes (Diego Vergara)

Abrazo a los familiares

De los desaparecidos

Mi canto sirva de abrigo

A todos los estudiantes


Que se afine mi estandarte y mi voz nunca les falte.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Escuchando tu silencio



Me basta así

Alberto Acerete


Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.

Me basta)

*

La gran extinción

Alberto Acerete

Hay cosas que a veces nos facilitan la vida.
Por ejemplo,
decir «estuve equivocado» cuando se ha estado equivocado.
También pedir perdón
y saber cuándo no pedirlo.
O cosas materiales como la casa, los trenes,
el chocolate en burbujas, las escobas voladoras y especialmente la televisión.
Siempre es útil la humildad de aprender algo nuevo cada día.
Hay muchas cosas para seguir adelante,
del mismo modo en que, tras cada gran extinción, ha mejorado notablemente la vida en el planeta.
Hay muchas cosas, es cierto,
pero solo una nos hace inmunes a la muerte:
aceptar que hacemos menguar al resto incluso cuando respiramos.
Que por buenos que nos pensemos o bueno sea el propósito de nuestra vida
traemos el dolor con nosotros.
Y, en un gesto que ni siquiera sabemos altivo, lo regalamos generosamente.
Nos protegemos a ciegas pero, en definitiva,
es a nosotros a quienes debemos el perdón más firme.
Que da igual lo que tengamos, las intenciones y los sentimientos,
porque solo se sobrevive a la muerte del entorno
siendo fiel a uno mismo.
Y, finalmente, la fidelidad se acomete con una única cuestión:
¿Cuántas veces en la vida te perdonas?




Alberto Acerete (España, 1987) poeta, editor y traductor. En 2010 publicó El último verano, en 2014, Cartas a la guerra y, el año pasado, Yo quiero bailar.

Traven, miembro del club de Bartleby



Mucho más que Gracq y que Salinger y que Pynchon, el hombre que se hacía llamar B. Traven fue la auténtica expresión de lo que conocemos por «escritor oculto».

Mucho más que Gracq, Salinger y Pynchon juntos. Porque el caso de B. Traven está repleto de matices excepcionales. Para empezar, no se sabe dónde nació ni él quiso aclararlo nunca. Para algunos, el hombre que decía llamarse B. Traven era un novelista norteamericano nacido en Chicago. Para otros, era Otto Feige, escritor alemán que habría tenido problemas con la justicia a causa de sus ideas anarquistas. Pero también se decía que en realidad era Maurice Rethenau, hijo del fundador de la multinacional AEG, y también había quien aseguraba que era hijo del kaiser Guillermo II.

Aunque concedió su primera entrevista en 1966, el autor de novelas como El tesoro de Sierra Madre o El puente en la selva insistió en el derecho al secreto de su vida privada, por lo que su identidad sigue siendo un misterio.

«La historia de Traven es la historia de su negación», ha escrito Alejandro Gándara en su prólogo a El puente en la selva. En efecto, es una historia de la que no tenemos datos y no pueden tenerse, lo que equivale a decir que ése es el auténtico dato. Negando todo pasado, negó todo presente, es decir, toda presencia. Traven no existió nunca, ni siquiera para sus contemporáneos. Es un escritor del No muy peculiar y hay algo muy trágico en la fuerza con la que rechazó la invención de su identidad.

«Este escritor oculto -ha dicho Walter Rehmer- resume en su identidad ausente toda la conciencia trágica de la literatura moderna, la conciencia de una escritura que, al quedar expuesta a su insuficiencia e imposibilidad, hace de esta exposición su cuestión fundamental.»

Estas palabras de Walter Rehmer -me acabo ahora de dar cuenta- podrían resumir también mis esfuerzos en este conjunto de notas sin texto. De ellas también podría decirse que reúnen toda o al menos parte de la conciencia de una escritura que, al quedar expuesta a su imposibilidad, hace de esta exposición su cuestión fundamental.

En fin, pienso que las frases de Rehmer son atinadas, pero que si Traven las hubiera leído se habría quedado, primero, estupefacto, y luego se habría desternillado de risa. De hecho, yo estoy a punto ahora de reaccionar de ese modo, pues a fin de cuentas detesto, por su solemnidad, la obra ensayística de Rehmer.

Vuelvo a Traven. La primera vez que oí hablar de él fue en Puerto Vallaría, México, en una de las cantinas de las afueras de la ciudad. Hace de eso algunos años, era en la época en que empleaba mis ahorros en viajar en agosto al extranjero. Oí hablar de Traven en esa cantina. Yo acababa de llegar de Puerto Escondido, un pueblo que, por su peculiar nombre, habría sido el escenario más apropiado para que alguien me hubiera hablado del escritor más escondido de todos. Pero no fue allí sino en Puerto Vallarta donde por primera vez alguien me contó la historia de Traven.


La cantina de Puerto Vallarta estaba a pocas millas de la casa donde John Huston -que llevó al cine El tesoro de Sierra Madre- pasó los últimos años de su vida refugiado en Las Caletas, una finca frente al mar y con la jungla a la espalda, una especie de puerto de la selva azotado invariablemente por los huracanes del golfo.

Cuenta Huston en su libro de memorias que escribió el guión de El tesoro de Sierra Madre y le mandó una copia a Traven, que le contestó con una respuesta de veinte páginas llenas de detalladas sugerencias respecto a la construcción de decorados, iluminación y otros asuntos.

Huston estaba ansioso por conocer al misterioso escritor, que por aquel entonces ya tenía fama de ocultar su verdadero nombre: «Conseguí -dice Huston- una vaga promesa de que se reuniría conmigo en el Hotel Bamer de Ciudad de México. Hice el viaje y esperé. Pero él no se presentó. Una mañana, casi una semana después de mi llegada, me desperté poco después del amanecer y vi que había un tipo a los pies de mi cama, un hombre que me tendió una tarjeta que decía: «Hal Croves. Traductor. Acapulco y San Antonio».

Luego ese hombre mostró una carta de Traven, que Huston leyó aún en la cama. En la carta, Traven le decía que estaba enfermo y no había podido acudir a la cita, pero que Hal Croves era su gran amigo y sabía tanto acerca de su obra como de él mismo, y que por tanto estaba autorizado a responder a cualquier consulta que quisiera hacerle.

Y, en efecto, Croves, que dijo ser el agente cinematográfico de Traven, lo sabía todo sobre la obra de éste. Croves estuvo dos semanas en el rodaje de la película y colaboró activamente en ella. Era un hombre raro y cordial, que tenía una conversación amena (que a veces se volvía infinita, parecía un libro de Carlo Emilio Gadda), aunque a la hora de la verdad sus temas preferidos eran el dolor humano y el horror. Cuando dejó el rodaje, Huston y sus ayudantes en la película comenzaron a atar cabos y se dieron cuenta de que aquel agente cinematográfico era un impostor, aquel agente era, muy probablemente, el propio Traven.

Cuando se estrenó la película se puso de moda el misterio de la identidad de B. Traven. Se llegó a decir que detrás de ese nombre había un colectivo de escritores hondurenos. Para Huston, Hal Croves era sin duda de origen europeo, alemán o austríaco; lo raro era que los temas de sus novelas narraban las experiencias de un americano en Europa occidental, en el mar y en México, y eran experiencias que se notaba a la legua que habían sido vividas.

Se puso tan de moda el misterio de la identidad de Traven que una revista mexicana envió a dos reporteros a espiar a Croves en un intento de averiguar quién era realmente el agente cinematográfico de Traven. Le encontraron al frente de un pequeño almacén al borde de la jungla, cerca de Acapulco. Vigilaron el almacén hasta que vieron salir a Croves camino de la ciudad. Entonces entraron forzando la puerta y registraron su escritorio, donde encontraron tres manuscritos firmados por Traven y pruebas de que Croves utilizaba otro nombre: Traven Torsvan.

Otras investigaciones periodísticas descubrieron que tenía un cuarto nombre: Ret Marut, un escritor anarquista que había desaparecido en México en 1923 y los datos, pues, encajaban. Croves murió en 1969, algunos años después de casarse con su colaboradora Rosa Elena Lujan. Un mes después de su muerte, su viuda confirmó que B. Traven era Ret Marut.

Escritor esquivo donde los haya, Traven utilizó, tanto en la ficción como en la realidad, una apabullante variedad de nombres para encubrir el verdadero: Traven Torsvan, Arnolds, Través Torsvan, Barker, Traven Torsvan Torsvan, Berick Traven, Traven Torsvan Croves, B. T. Torsvan, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut, Traven Robert Marut, Fred Maruth, Fred Mareth, Red Marut, Richard Maurhut, Albert Otto Max Wienecke, Adolf Rudolf Feige Kraus, Martínez, Fred Gaudet, Otto Wiencke, Lainger, Goetz Ohly, Antón Riderschdeit, Robert BeckGran, Arthur Terlelm, Wilhelm Scheider, Heinrich Otto Baker y Otto Torsvan.

Tuvo menos nacionalidades que nombres, pero tampoco anduvo corto en este aspecto. Dijo ser inglés, nicaragüense, croata, mexicano, alemán, austriaco, norteamericano, lituano y sueco.

Uno de los que intentaron escribir su biografía, Jonah Raskin, por poco se vuelve loco en el intento. Contó con la colaboración, desde el primer momento, de Rosa Elena Lujan, pero pronto empezó a comprender que la viuda tampoco sabía a ciencia cierta quién diablos era Traven. Una hijastra de éste, además, contribuyó a enredarlo ya de forma absoluta al asegurar que ella recordaba haber visto a su padre hablando con el señor Hal Croves.

Jonah Raskin acabó abandonando la idea de la biografía y terminó escribiendo la historia de su búsqueda inútil del verdadero nombre de Traven, la delirante y novelesca historia. Raskin optó por abandonar las investigaciones cuando se dio cuenta de que estaba arriesgando su salud mental; había comenzado a vestirse con la ropa de Traven, se ponía sus gafas, se hacía llamar Hal Croves…

B. Traven, el más oculto de los escritores ocultos, me recuerda al protagonista de El hombre que fue jueves, de Chesterton. En esta novela se habla de una vasta y peligrosa conspiración integrada en realidad por un solo hombre que, como dice Borges, engaña a todo el mundo «con socorro de barbas, de caretas y de pseudónimos».

Se escondía Traven, voy a esconderme yo, se esconde mañana el sol, llega el último eclipse total del milenio. Y ya mi voz va volviéndose lejana mientras se prepara para decir que se va, va a probar otros lugares.

Sólo yo he existido, dice la voz, si al hablar de mí puede hablarse de vida. Y dice que se eclipsa, que se va, que acabar aquí sería perfecto, pero se pregunta si esto es deseable. Y a sí misma se responde que sí es deseable, que acabar aquí sería maravilloso, sería perfecto, quienquiera que ella sea, donde sea que ella esté.



*Fragmento tomado de Vila-Matas, Enrique. Bartleby & compañía. Anagrama, 2002. Págs 211-217.

jueves, 4 de agosto de 2016

Postal sobre Camille





"Camille Claudel vivió durante los últimos treinta años de su vida en un asilo, preguntándose por qué, escribiendo cartas a su hermano poeta, que había autorizado su internamiento. Venid a visitarme, decía. Recordad, estoy viviendo aquí con locas; los días son largos. No fumaba ni daba paseos. Se negaba a esculpir. Aunque le daban piedras para dormir -mármol y granito y porfirio- las rompía, recogía los trozos y los enterraba fuera de los muros por la noche. Por la noche sus manos crecían, más y más enormes hasta que en la fotografía parecen dos partes de otro cargadas sobre las rodillas."


*Carson, Anne. Sobre piedras para dormir.

jueves, 21 de julio de 2016

Pasional



María del Carmen Mondragón Valseca: Mirada hipnotizante que seducía a cualquiera, carácter fuerte y extravagante. La mujer que dicen que fue la más bella de su época nació el 8 de julio de 1893 en México pero estudió en Francia, cuando Porfirio Díaz envió a su padre a Europa en una misión. A los 10 años, Carmen escribía rebelde: “Protesto a pesar de mi edad por estar bajo la tutela de mis padres”, cuando pensaba en que le arreglarían un matrimonio.

Carmen, hija del General Mondragón – quién resulto ser uno de los participantes de la Decena Trágica, motivo por lo que fue desterrado del país – fue conocida desde siempre como una niña burguesa con un espíritu indomable, con una gran ansiedad por amar y ser amada y hasta idolatrada.

En 1921, después de una larga estadía en Europa, regresa a México, donde es pionera en el uso de la minifalda  y se mezcla con los círculos culturales más importantes de la época, donde ella no sólo es musa sino también creadora: la poesía y la pintura son sus dos principales formas de expresión; aunque actualmente aún no se ha publicado toda su obra.

A los 20 años se enamora de un cadete del regimiento de su padre, el después pintor Manuel Rodríguez Lozano quién la desilusionaría  tanto en lo emocional como en lo íntimo: pues Rodríguez Lozano era homosexual. Se casaron en 1913. El matrimonio fue tormentoso, marcado por peleas y la muerte de su único hijo cuando todavía era un bebé; la leyenda dice que la propia Carmen lo ahogó, pero la investigación histórica sostiene que el niño falleció mientras dormía. En 1921 el matrimonio volvió a México; Carmen quiso el divorcio, pero su familia no se lo permitió, no eran épocas de divorcios, pero a Carmen poco le importó.

Conoció a Gerardo Murillo, famoso artista y vulcanólogo que intervenía en política y se mudaron al ex convento de La Merced. Murillo se cambió su nombre por Dr. Atl (agua en náhuatl) cuando viajaba en barco de Nueva York a París y se desató una tremenda tempestad.

Dr. Atl se convirtió en una influencia tan grande en la joven que ella decidió cambiarse el nombre por Nahui Olin, que es la fecha que en el calendario azteca significa el movimiento renovador de los ciclos del cosmos, y comenzar una carrera como pintora y poeta; y entonces renunció, para siempre, a ser María del Carmen Mondragón Valseca.

“Mi nombre es como el de todas las cosas: sin principio ni fin, y sin embargo sin aislarme de la totalidad por mi evolución distinta en ese conjunto infinito, las palabras más cercanas a nombrarme son NAHUI-OLIN. Nombre cosmogónico, la fuerza, el poder de movimiento que irradian luz, vida y fuerza. En azteca, el poder que tiene el sol de mover el conjunto que abarca su sistema, pero, sin embargo hace siglos que existe mi substancia sin nombre alguno va evolucionando y hace siglos y ahora mismo que no tengo nombre y voy marchando sin descanso alguno en un tiempo sin fin y soy en una faz distinta el sin principio ni fin de todas las cosas.”

Nahui Olin y el doctor Atl fueron una pareja perfecta y explosiva que causaba terremotos emocionales en el convento de la Merced, su hogar. Vivían cada momento como si fuera el último, como si quisieran consumirse de pasión y resucitar al siguiente día para comenzar otra vez. El Doctor Atl y Nahui Olin eran excéntricos y que vivieron sus días juntos tan apasionadamente que las discusiones, los celos y el romance los consumieron.


“Amor eterno, amor Atl, la palpitación de mi corazón es el sonido de tu nombre, que amo con toda la frescura de mi juventud, único ser que adoro, moja los ojos de tu amada con el semen de tu vida, para que se sequen de pasión, quien no ha…y será, más que tuya”.

El Doctor Atl celaba a la pintora porque constantemente posaba desnuda para otros pintores y fotógrafos, probablemente para celebrar su libertad y derecho a decidir su vida: no seguir las reglas impuestas por el general, encontrar su camino, seguirlo y vivirlo como le pareciera mejor. Su cuerpo fue el medio para expresar tanto su libertad como su sexualidad; era la extensión que le permitía alcanzar a alguien más y unirlo a su existencia. Por ello, posó desnuda para el fotógrafo Edward Weston en Hollywood.

Poco después, de finalizar su relación con Alt, Nahui pudo encontrar la calma al lado de Eugenio Agacino, marino español con quien vivió un romance menos pasional y más romántico. La pareja perfecta se rumoraba en la época; sin embargo, Agacino murió intoxicado en Cuba.

Ella lo esperaba en la orilla del mar de Veracruz. Él nunca llegó. Desde ese momento, la artista decidió alejarse de la vida pública. Deshecha por su mala suerte en el amor, por perder a su único aliado de esos días y dio su carrera artística como finalizada. Después de la muerte de Eugenio Agacino, Nahui Olin no volvió a ser la misma. Dedicó menos tiempo a la pintura y más a escribir. Sin embargo, expuso por última vez en 1945. A pesar de la desdicha, Nahui Olin vivió 40 años más.


En los últimos años de su vida, vivió con sus gatos en la casa que heredara de sus padres, desempeñándose como maestra de pintura en una escuela primaria y sostenida apenas por una beca que le daba Bellas Artes. Andaba por la calle vestida con harapos, y decía que “era la dueña del sol: cada mañana, lo hacía salir con su mirada, y cada noche lo devolvía al ocaso”. Se convirtió en un personaje triste para todos, menos para ella, que seguía orgullosa de su cuerpo y su pasado. Nunca pudo olvidar a Eugenio: hasta su muerte, colgó en su casa una sábana donde había pintado a su amante capitán y dormía abrazada a ella. El único adorno verdadero que la acompañó en esos días de locura fueron el par de ojos verdes que nunca perdieron el brillo ni el color. Aquellos que tuvieron el valor de mirar el funeral del Dr. Atl en Bellas Artes y no se mostraron deshechos como lo estaba su dueña.

Muy enferma pide a sus sobrinas que la trasladen a la recámara donde nació y el 23 de enero de 1978, Carmen Mondragón / Nahui Olin, cierra por siempre sus bellos y enormes ojos verdes. Los restos mortales de Carmen Mondragón descansan en el Panteón Español en la Ciudad de México.

“Mi cuerpo y mi espíritu tienen siempre loca sed de esos mundos nuevos que voy buscando sin cesar y de las cosas o los individuos que tienen siempre nuevos rostros bajo la influencia de mi espíritu, es una inquietud creadora que juega con esos mundos que voy creando.”



***

Insaciable sed
(Fragmento)

Nahui Olin

Mi espíritu y mi cuerpo tienen siempre loca sed
de esos mundos nuevos
que voy creando sin cesar,
y de las cosas
y de los elementos,
y de los seres,
que tienen siempre nuevas fases
bajo la influencia
de mi espíritu y mi cuerpo que tienen siempre loca
sed;
inagotable sed, de inquietud creadora,
que juega con los mundos nuevos
que voy creando sin cesar
y con las cosas que son una, y que son mil.
Y con los elementos,
y con los seres
que me dan insaciable sed—
y que no sé
si tienen
algo de sangre,—
algo de carne
o algo de espíritu—
que sirven de juegos intermitentes a la sensibilidad
de mi materia.

                                  ***

***Nahui Olin (1893-1978) fue una artista, por épocas pintora, por épocas escritora o compositora. Pero México la olvidó hasta que en 1992 se comenzó a hacer una catalogación de sus pinturas para una retrospectiva que se concretó en 1993 en el Estudio- Museo Diego Rivera, de la Ciudad de México.


***Fragmento tomado de: Nahui Olin: sin principio ni fin. Vida, obra.Universidad Autónoma de Nuevo León, 2011.