En este blog puedes encontrar información sobre escritores, recomendaciones de libros, poemas y temas que me apasionan.
La literatura no es sólo lo a lo que me dedico, es parte de mi vida
Macanudo de Liniers
"¿Y si no fuésemos otra cosa que los brazos de una voz?" Decir. Maliyel Beverido
Fruta
Negra interpreta temas de Lorca que parten de momentos ya hechos por otros
artistas pero con su impronta personal, quienes lejos de buscar un sonido que
parezca propio de las músicas españolas, interpreta los poemas desde su propia
lectura y con su sello particular.
para
que vivas lo que es una mirada desmaquillada,
para
que coloques los espejos al otro lado,
para
que te lleve con los ojos
a
amar tu cuerpo sobre todas las cosas,
para
que respete tu belleza
y
haga de tu silueta el mapa de su tesoro.
Te
deseo a un fiel del mar
para
que jamás detone las olas de tus lagrimales,
para
que acepte que un día serás calma
y
otro tempestad
y
aun así decida volver a ti cada día,
para
que no evite que te derrames,
para
que lleve tu sabor en la piel
y
mire dentro de ti aunque escueza.
Te
deseo a un poeta
con
toda mi pena
para
que te condene en su egoísmo
a
la eterna salvación,
para
que te haga inmortal
cuando
tengas ganas de morir,
para
que la única bala que te dispare
cuando
le abandones
-porque
tú eres un pájaro atrapado en la nieve,
recuérdalo,
amor mío-
sea
la que detona una palabra,
para
que cuando te sientas nadie
recuerdes
que eres el olvido de alguien.
Te
deseo a tantas personas
como
amor quiero hacerte.
Yo,
sin embargo,
solo
te deseo a ti.
"Sin embargo" está incluido en su poemario Baluarte
*Elvira
Sastre (Segovia, 1992). Reside en Madrid, en cuya universidad cursó el Grado de
Estudios Ingleses y el Máster de Traducción Literaria. De vocación temprana, a
los 15 años empieza a publicar poemas y relatos en distintas revistas y en su
propio blog. En 2013 publicó el poemario 43 Maneras de Soltarse el Pelo, y al
año siguiente su segundo libro, Baluarte. Le siguieron Ya Nadie Baila
(Valparaíso, 2015), La Soledad de un Cuerpo Acostumbrado a la Herida (Visor,
2016) y Aquella Orilla Nuestra (Alfaguara, 2018)
Me sitúo del lado de la izquierda. Me sitúo del lado del modo en que me gusta ensuciarme manos, pensamiento, acción, hechos, actitud y modo de estar. Me sitúo del lado de las personas y las cosas curvas y de la memoria histórica, también respeto. Me sitúo del lado del término exacto que define y marca el coraje. También los principios y tal vez éste, de izquierda, que englobe al resto. Me sitúo y doy un paso al frente no sólo en lo que vivo sino también en esto que escribo. La palabra como germen. Compromiso, sustento, testigo y testimonio, recordatorio vivo de la vergüenza y la barbarie y la deslealtad. Me sitúo del lado de la izquierda y me pronuncio y me describo desde y hacia este lado. Y me atrevo a rescatar del olvido de la urgencia la palabra y el concepto de clase obrera, del trabajador y la trabajadora, del compañero y compañera, camaradas, tribu, manada o necesidad de cambio desde el lugar donde ha de ser iniciado. Me sitúo desde este lado con todo lo que eso implica. Decido libremente elegir camino pero aquí, este lado, el que resiste, el gran olvidado, también el salvador. Sustento y equilibrio de esta débil balanza histórica o batalla encarnizada entre la voracidad capitalista y quien produce o reproduce una desigualdad que el poder necesita para el engranaje perfecto de sus fuerzas o cobardía. Me sitúo de este lado, el de la tierra. Me sitúo de este lado con una profundidad cuyas raíces se remontan al origen mismo, imposible arrancarme extremidad alguna o voz, pues mis piernas son tan numerosas como las batallas que las impulsan y mis brazos la consecuencia exacta de la lucha y la fuerza de todos y todas quienes decidieron situarse en este mismo lado del que surge este cuerpo y se alza esta voz y esta sangre que no teme ser derramada de nuevo por una justicia que ha de iniciarse siempre desde este lado, el de abajo, el más profundo, el más consciente, desde un principio matemáticamente exacto de izquierda.
Ana Vega -Ana Belén Pérez Pérez- (Oviedo, Asturias, España, 1977)
Semblanza
literaria sobre Lágrima Roja de Xánath Caraza
Xóchitl
Salinas Martínez
No
quiero que se
desvanezcan
en la memoria.
Vuelen
mujeres en el tiempo.
Que
sus voces se oigan.”
Xánath
Caraza
Una
gran lágrima roja ensucia las nubes blancas y mancha el azul del cielo. El
paisaje de México se ha transformado porque llora a sus hijas brutalmente
asesinadas mientras su tierra absorbe toda la sangre. De pronto, lo que, en las
últimas décadas del Siglo XX, impactó nuestro panorama y nos incluyó dentro de
lo que parecía una de las más cruentas películas de terror nunca antes visto,
la realidad nos alcanzó, nos rodeó, estamos cercadas, envueltas en una espiral
de violencia que parece no tener fin, al menos, no pronto. Sí, aunque sea
difícil de aceptar, es real: en el México del Siglo XXI son secuestradas,
torturadas, vejadas, desaparecidas y asesinadas sus mujeres. ¿La razón? El
simple hecho de ser mujeres.
México
se define por sus hechos. Nuestro presente está grabado en la historia con
violencia. El dolor por lo las muertas de Juárez, por lo ocurrido en
Ayotzinapa, por las fosas clandestinas en Veracruz, por ejemplo, es un dolor
que trasciende fronteras e idiomas. ¿Dónde están los 43?, ¿dónde están las
mujeres que desaparecen, diariamente, en nuestro país?, ¿por qué siguen
apareciendo muertas en el desierto de Chihuahua?, ¿hasta cuándo? El silencio que recibimos como respuesta es
brutal. Es una herida más que continúa sangrando, formando un río con varios
cauces. Vivimos en, con, entre la violencia. Todos los días suceden hechos
terribles que nos salpican estupor, dolor, angustia y desamparo. En Veracruz, a
pesar de que respiramos esta violencia cotidiana, no nos acostumbramos.
Desgarro, eso es lo que sentimos, todos los días cuando miramos el infierno tan
cerca.
Ante
esta terrible realidad que nos abofetea diariamente, la poeta xalapeña, Xánath
Caraza no pudo guardar silencio; comprometida como está con su tierra, la
autora apuesta por la memoria. Caraza presta su voz a todas estas mujeres
inmoladas, transforma sus versos en gritos que estallan la garganta y que
intenta cubrir con su rebozo rojo poético. Es, a través de su nuevo libro
Lágrima Roja, publicado por la editorial española Nazarí, que plasma toda esta
vertiente de dolor. Días difíciles para México. Cuando parece que nada nos
puede salvar de la violencia y la inseguridad que padecemos a diario, la poesía
se convierte en la manera de poder expresarnos, apropiándonos de las palabras,
seguimos manteniendo ese lazo humano. Xánath Caraza, con su escritura, se ha
convertido en nuestra voz.
Asimismo,
si bien, plasma algunas de las terribles circunstancias en las que está
sumergido el país que la vio nacer, Caraza mira más allá, mira a la humanidad
entera. Desde la premisa, todo lo que pasa en el resto del mundo, tiene que ver
conmigo y nos ocurren a todos, Xánath nos habla desde lo que ocurre en Xalapa,
México, así como en Orlando, USA, en Siria, en Japón con Fukushima; las
preocupaciones son muchas y, como dijo Thomas Carlyle, “puede decirse que el
grito de la historia nace con nosotros y que es uno de nuestros dones más
importantes. En cierto sentido somos históricos todos los hombres.”
Por
si fuera poco alzar la voz, con indignación y aflicción, ante el abrojo que
representan estos terroríficos hechos que hieren nuestras vidas, Xánath Caraza
se solidariza y se hermana con las víctimas, con sus familias, con las causas
y, por supuesto, con todos nosotros que nos hemos convertido sin querer,
irremediablemente, en testigos de esta violencia cotidiana.
Xánath,
a través de sus versos, señala la herida pero también ofrece la cura de la
palabra, el alivio de saber que la memoria perpetuará los recuerdos, la
esperanza de saber que el agua limpia, purifica y sana. Lágrima roja es un
grito que dice “¡basta, esto tiene que parar!”, es también, el poemario que nos
acoge, a todos, como hermanos, que nos ofrece un testimonio abrasador sobre
cómo nos sentimos en este momento histórico, sobre nuestra herida, sobre la
lágrima roja que cada uno de nosotros ha derramado, más de una vez, una lágrima
de sangre, por tanta vida que nos ha sido arrebatada.
El
pasado 18 de agosto, se cumplieron ochenta años del infame asesinato de
Federico García Lorca. Ochenta años han pasado desde que los ojos de Federico
contemplaran por última vez el mundo y se cerraran para siempre.Murió
fusilado tras el golpe de Estado que dio origen a la Guerra Civil Española.
Ochenta años después, sus versos deambulan por el mundo exclamando lo que
buscaron callar. Federico fue brutalmente asesinado por los franquistas en 1936
acusado de “masón, socialista y homosexual”. Lorca no pudo ser acallado con las
balas de la sinrazón, sus versos
unifican, sus versos nos liberan. A continuación, comparto siete de sus poemas:
Las seis cuerdas
La guitarra
hace llorar a los sueños.
El sollozo de las almas
perdidas
se escapa por su boca
redonda.
Y como la tarántula,
teje una gran estrella
para cazar suspiros,
que flotan en su negro
aljibe de madera.
La aurora
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible:
a veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.
Largo espectro de plata conmovida
Largo espectro de plata conmovida
el viento de la noche suspirando,
abrió con mano gris mi vieja herida
y se alejó: yo estaba deseando.
Llaga de amor que me dará la vida
perpetua sangre y pura luz brotando.
Grieta en que Filomela enmudecida
tendrá bosque, dolor y nido blando.
¡Ay qué dulce rumor en mi cabeza!
Me tenderé junto a la flor sencilla
donde flota sin alma tu belleza.
Y el agua errante se pondrá amarilla,
mientras corre mi sangre en la maleza
mojada y olorosa de la orilla.
Mi niña se fue a la mar
Mi niña se fue a la mar,
a contar olas y chinas,
pero se encontró, de pronto,
con el río de Sevilla.
Entre adelfas y campanas
cinco barcos se mecían,
con los remos en el agua
y las velas en la brisa.
¿Quién mira dentro la torre
enjaezada, de Sevilla?
Cinco voces contestaban
redondas como sortijas.
El cielo monta gallardo
al río, de orilla a orilla.
En el aire sonrosado,
cinco anillos se mecían.
Los hermanos García Lorca.
Lluvia
La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!
García Lorca junto a Margarita Xirgu, quien está caracterizada para su
interpretación de Yerma
Remansillo
Me miré en tus ojos,
pensando en tu alma.
Adelfa blanca.
Me miré en tus ojos,
pensando en tu boca.
Adelfa roja.
Me miré en tus ojos.
¡Pero estabas muerta!
Adelfa negra.
Si mis manos pudieran deshojar
Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.
Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia.
¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma,
¿qué otra pasión me espera?
¿Será tranquila y pura?
¡Si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!
Como
un regalo, adjunto una historia que el escritor uruguayo, Eduardo Galeano, nos
cuenta sobre un episodio relacionado con la distribución y recepción de la obra
de Federico García Lorca posterior a su muerte. Por último, les dejo, uno de
sus poemas, HERIDO DE AMOR, interpretado por el dúo Fruta Negra.
*Federico
García Lorca (1898-1936) fue un poeta, dramaturgo y prosista español, también
conocido por su destreza en muchas otras artes. Adscrito a la llamada
Generación del 27, es el poeta de mayor influencia y popularidad de la
literatura española del siglo xx