En este blog puedes encontrar información sobre escritores, recomendaciones de libros, poemas y temas que me apasionan. La literatura no es sólo lo a lo que me dedico, es parte de mi vida
Macanudo de Liniers
"¿Y si no fuésemos otra cosa que los brazos de una voz?" Decir. Maliyel Beverido
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martes, 30 de octubre de 2018
jueves, 2 de agosto de 2018
Nuestros niños
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| Foto tomada de Internet. USA, Mayo, 2018 |
Nuestros niños
Xánath Caraza
Si es uno, diez mil
o mil quinientos los
perdidos,
el dolor es el mismo,
la indignación aún
mayor.
No hay canciones de
cuna
a quien susurrar por
las noches,
las camas están vacías.
Ni a quien cobijar en
las tardes frías,
las casas están
incompletas.
No hay fuego en el
hogar.
Una generación
adolorida.
No hay cuerpos que
abrazar.
Niño mío, en la
oscuridad te vislumbro.
Niña mía, en las garras
de la maldad estás.
¿Cómo alcanzar tus
pequeñas manos?
¿Cómo calmar tu sed?
¿Cómo sentir tu aroma?
¿Cómo escuchar tu dulce
voz?
¿Quién consolará tu
hermosa alma?
¿Tendrás qué comer?
¿Quién dirá tu nombre
con ternura?
¿Quién rezará por ti
con amor?
Y, ¿en las noches de
tormenta?
Niño mío, niña mía,
¿Cómo sabrás que sigo
junto a ti?
*Atenas, Grecia, 13 de
junio de 2018.
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| Foto tomada de Internet. USA, Mayo, 2018 |
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| Foto tomada de Internet. USA, Mayo, 2018. |
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| Los registros Federales de Estados Unidos confirman que están en funciones 86 centros llamados "Centros de cuidado infantil". |
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lunes, 30 de julio de 2018
El llanto del Hudson
El llanto del Hudson
Xóchitl Salinas Martínez
“Las palabras son sólo
piedras puestas atravesando la corriente de un río. Si están ahí es para que
podamos llegar a la otra orilla, la otra orilla es lo que importa.” José
Saramago
Hudson (2018,
Editorial Nazarí), el más reciente poemario de Xánath Caraza, cuenta nuevamente con la traducción de Sandra Kingery con quien la autora ya
suma años de formar un sólido equipo de trabajo que permite a sus libros llegar
a más lectores y esta vez lo hacen como tejedoras de historias a través de los
50 poemas que lo conforman. El bilingüismo, español-inglés, que siempre ha sido
fundamental para ambas, en este libro se vuelve vital pues al hablar de la
condición migrante en Estados Unidos, en la zona que rodea al Río Hudson,
sabemos que muchas de esas historias se respiran en español. Así, dentro del
cuerpo principal, los poemas nos ofrecen un tema en específico: la situación de
los migrantes teniendo al Río Hudson como mudo testigo de sus destinos; pero Xánath nos quiere dar más, por eso,
dentro del continente poético, se suman otras dos lecturas o voces -señaladas
en negritas y en cursivas- que potencian, crecen y trifurcan su contenido. El
libro se multiplica en brazos como el mismo río. Hudson es tres libros en uno o es incluso más, pues se deja abierta
la interacción lúdica de quien lee y se apropia los poemas. El lector tiene un
papel fundamental en este poemario, se vuelve protagonista porque siente muy de
cerca las palabras pero también lo hace suyo, no sólo siguiendo la propuesta
sino buscando y encontrando otras nuevas.
En
Hudson, la voz poética de Caraza se vuelve ancestral. Xanath
Caraza hace un homenaje a las elegías griegas y la actualiza mostrándonos
una realidad avasallante. Es una travesía, guidada por Caronte, mientras vemos
a los espíritus vistos en forma de cantos que se van transformando en gritos de
denuncia y es, también, el coro que no permite que olvidemos su mensaje. El Río
Hudson se convierte en el Río Aqueronte contemporáneo.
El tiempo se fractura
con la corriente
y
Caronte abre
los brazos.[1]
De
tal forma, Xánath Caraza transforma sus tres propuestas de lectura antes
referidas, en vasos comunicantes, en afluentes mismos del Hudson con sus
distintas densidades. Las palabras resaltadas en negritas se transforman en una
oda al agua como parte fundamental de la creación, de ahí que sea una suerte de
hagiografía de la vida. Las señaladas en cursivas, por su parte, hacen la función
de coro dentro de esta la tragedia moderna. La lectura total de los poemas nos
confronta con el problema, con la desgracia y el desamparo; es ahí donde la
preocupación se transforma en una crítica social y política respecto a trato y
lo que enfrentan los migrantes latinoamericanos, no sólo en esa parte del país,
sino en todo Estados Unidos. El poemario Hudson
se transforma en un enorme espejo que nos muestra una realidad avasallante:
2017,
2018: En el Hudson se ahogan los sueños de quienes se dejan la vida en empleos
mal pagados, muchos de ellos, ilegales. El Hudson se lleva la ilusión del
migrante, que sin importar sexo o edad, vive continuamente la discriminación
por el tono de su piel, por su lugar de procedencia, por su idioma materno.
Para muchos de ellos, el Hudson, se transforma en ese recuerdo/pesadilla que
creían haber dejado atrás: su cruce por el Río Bravo, en el sur del país al que
llamaban, cuando aún se encontraban su lugar de origen, “el de los sueños”. Ya desde el nacimiento oficial del río,
muestra uno de sus destinos, Tear of the Clouds – el lago está ubicado
en los montes Adirondacks-. Por desgracia, aunque siempre ha sido una realidad
palpable con periodos de terrible oscuridad, desde el inicio de la campaña del
actual presidente, se ha convertido en una verdad cruenta que agrede a cada
paso, que humilla, que se vuelve mortal. Ha vuelto a liberarse el monstruo de
las mil cabezas. Recordemos que, al Río Hudson, también lo conocemos como el Río
del Norte o el Río Anegado, y forma parte de la frontera entre los estados de
Nueva York y de Nueva Jersey. Frontera, aunque interna, cumple su función:
divide. El Río Anegado, se ha vuelto el símbolo de quienes anegan los derechos
humanos de un enorme sector. Y aunque su tránsito comercial es muy importante,
me atrevería a decir que fundamental para la economía del país; no nos permite
olvidar que, también, traza una divisoria entre lo que es marginal y lo que no
lo es. Aunque su nombre evoca el progreso a través del comercio -debe su nombre
a Henry Hudson un comerciante inglés que
trabajaba para Francia y Holanda y que exploró el río en 1609-, sus fuertes
mareas hacen que partes del puerto de Nueva York sean difíciles y hasta
peligrosas para la navegación. Esas mareas se convierten en un símil con lo que
ocurre a nivel social, pues se humaniza
y se integra en la vida cotidiana. El Río del Norte es, para muchos, un vecino agradable pero, también, a veces,
como en invierno cuando los bloques de hielo flotan por sus aguas se convierte
en una especie de testigo y, a veces, hasta de border patrol agent. El sonido de sus aguas, su voz, parece
interpretar un canto dulce y asimismo, por momentos, un canto tortuoso,
desgarrado que nos cuenta sobre el naufragio de los sueños de tantos y tantos.
Es el dolor de
un pueblo
el que se desliza en
la sangre de la
tierra.
Acantilados bermejos
contienen la angustia
y las rítmicas
palpitaciones.[2]
Xánath Caraza
escribe desde la preocupación y el asombro al entrever que, a pesar del
movimiento frenético y brillo que parece recubrir a la ciudad de Nueva York,
tiene otras rostros, por un lado, el sometimiento de un gran sector de sus
ciudadanos que se que se deja llevar por
la inercia y la apatía, que se somete de forma callada y automática a su
cotidianidad laboral; otra de ellas, que contrasta con los rascacielos, es la
ira enmarcada en el rostro y las acciones de sectores recalcitrantes que han
encontrado un impulso en el pensamiento manifiesto de quien gobierna la nación
como si fuera Hades.
La ciudad avanza
con luces y corazones vacíos.
La oscuridad
cubre el refulgente camino,
no queda nada ni
siquiera el destello del agua.[3]
La
personificación del Río Hudson es el de
ira, su corriente es su sangre, que a veces susurra y otras, grita pero siempre
escucha. La autora, poema a poema, conversa
con él, crea un vínculo de comunicación constante, lo convierte en alguien
cercano pero también reconoce su poder ancestral:
Fluye, celestial
palabra,
agua de río y
vida del
vientre de la
tierra.[4]
El
infierno crece: el pasado mayo, el día 6, se impulsó “Tolerancia cero”, una
política que separa a los niños de las familias de migrantes ilegales creada
para atemorizar a los llamados Dreamers
y tratar así de reducir el flujo migratorio. En sólo 6 semanas, según el
Departamento de Seguridad Nacional (DHS, en inglés), se separaron a cerca de 2,000
menores de su familia. Básicamente, “Tolerancia cero”, consiste en que las familias que llegan a la
frontera sur, de forma ilegal provenientes, en su mayoría, de Guatemala, El
Salvador y Honduras, sean procesadas en cortes federales criminales. Como los
niños no pueden ser retenidos, son reclasificados como “niños sin acompañante”
y van a parar a refugios, que en realidad parecen prisiones, gestionados por el Departamento de Salud y
Servicios Humanos.
Trueno
apasionado,
el agua y el viento
escarifican la
piel de la tierra.
Sangra el
silencio,
el agua corre y
la tierra
pulsa contenidos
deseos.[5]
Fue
hasta mediados del mes de junio, cuando la noticia dejó de susurrarse y se
mostró al mundo que se horrorizó ante las historias de niños arrancados de los
brazos de sus padres y padres que no pudieron saber dónde habían llevado a sus
hijos y las imágenes que mostraban a niños llorando aterrorizados mientras eran
puestos en jaulas con colchonetas en el piso y con la luz permanentemente
encendida. Las imágenes que conmocionaron a la humanidad se vivieron en Texas
en un sitio es que conocido popularmente como “la perrera”. Si bien en las
noticias, se enfocaron en los denominados refugios ubicados en el sur, estos
están distribuidos de costa a costa y de frontera a frontera incluyendo, por
supuesto, las áreas cercanas al Hudson. En total existen 86 centros llamados de
cuidado infantil en todo el país, de los cuales nueve funcionan como centros de
seguridad, tres como centros de terapia para niños con padecimientos psiquiátricos
o psicológicos y los otros 74 como refugios temporales. La controversia aumentó
tras conocerse una serie de videos que mostraban a niños, incluso de tres años,
acudiendo solos a los juzgados a declarar sin siquiera saber lo que es un
abogado y sin hablar o comprender el inglés.
La voz de las
fábricas,
de metales que
cortan
el Hudson, abren
las venas,
entierran la
dura realidad.
Los poetas están
de luto.
La luz del agua se graba
en las yemas
para que
la historia no sea olvidada.[6]
La
polémica internacional sobre el abuso en contra de los inmigrantes
indocumentados, que separaba a los menores de sus padres cuando eran detenidos
por las autoridades migratorias, aún continúa en boca de todos pese a que dicha
práctica fuera revocada debido a las exigencias nacionales e internacionales. La
controversia sigue viva al comparar estas medidas con las ya vividas durante la
segunda guerra mundial por los gobiernos fascistas.
No hay rincón de
la ciudad
que no escuche
venir el fuego.
Se acerca el caos a los edificios,
la angustia de
la gente en el aire.
La corriente se
llena
de sangrantes
metales
y con ella se
traga la noche.[7]
Ante
tanto dolor, por lo la infancia vejada y herida, por el sufrimiento padecido
por las víctimas inocentes, la voz poética de Xánath Caraza lanza una oración para el Hudson, le insta a que, con
sus aguas, borre todo este calvario vivido por los inocentes. La autora le pide
al río que limpie el mal con sus caudales, que se establezca como fuente de vida y se
lleve consigo las pesadillas para poder cerrar o, mínimo, encapsular, este
periodo oscuro y abra paso, de nuevo, a la esperanza:
Medita en este navegar mecánico.
No queda nada,
solo el angustiante ulular del viento
antes de llegar
al agua.
Tiemblan las
suaves manos
al escribir, son
las dueñas de
los pensamientos
salvajes,
de la ira de los
oprimidos.
Agua del Hudson:
despierta y desenraiza
el dolor: las
pesadillas
de niñez que se
hacen realidad.[8]
[1]
Caraza, Xánath. Hudson. Traducción: Sandra Kingery. Editorial Nazarí. España,
2018. pp: 16.
[2]
Op. cit. pp: 32
[3] Op. cit. pp: 26
[4] Op. cit. pp: 24
[5]
Op. cit. pp: 38
[6]
Op. cit. pp: 36
[7]
Op. cit. pp: 40
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sábado, 2 de septiembre de 2017
Cuando todo se tiñe de rojo
Semblanza
literaria sobre Lágrima Roja de Xánath Caraza
Xóchitl
Salinas Martínez
No
quiero que se
desvanezcan
en la memoria.
Vuelen
mujeres en el tiempo.
Que
sus voces se oigan.”
Xánath
Caraza
Una
gran lágrima roja ensucia las nubes blancas y mancha el azul del cielo. El
paisaje de México se ha transformado porque llora a sus hijas brutalmente
asesinadas mientras su tierra absorbe toda la sangre. De pronto, lo que, en las
últimas décadas del Siglo XX, impactó nuestro panorama y nos incluyó dentro de
lo que parecía una de las más cruentas películas de terror nunca antes visto,
la realidad nos alcanzó, nos rodeó, estamos cercadas, envueltas en una espiral
de violencia que parece no tener fin, al menos, no pronto. Sí, aunque sea
difícil de aceptar, es real: en el México del Siglo XXI son secuestradas,
torturadas, vejadas, desaparecidas y asesinadas sus mujeres. ¿La razón? El
simple hecho de ser mujeres.
México
se define por sus hechos. Nuestro presente está grabado en la historia con
violencia. El dolor por lo las muertas de Juárez, por lo ocurrido en
Ayotzinapa, por las fosas clandestinas en Veracruz, por ejemplo, es un dolor
que trasciende fronteras e idiomas. ¿Dónde están los 43?, ¿dónde están las
mujeres que desaparecen, diariamente, en nuestro país?, ¿por qué siguen
apareciendo muertas en el desierto de Chihuahua?, ¿hasta cuándo? El silencio que recibimos como respuesta es
brutal. Es una herida más que continúa sangrando, formando un río con varios
cauces. Vivimos en, con, entre la violencia. Todos los días suceden hechos
terribles que nos salpican estupor, dolor, angustia y desamparo. En Veracruz, a
pesar de que respiramos esta violencia cotidiana, no nos acostumbramos.
Desgarro, eso es lo que sentimos, todos los días cuando miramos el infierno tan
cerca.
Ante
esta terrible realidad que nos abofetea diariamente, la poeta xalapeña, Xánath
Caraza no pudo guardar silencio; comprometida como está con su tierra, la
autora apuesta por la memoria. Caraza presta su voz a todas estas mujeres
inmoladas, transforma sus versos en gritos que estallan la garganta y que
intenta cubrir con su rebozo rojo poético. Es, a través de su nuevo libro
Lágrima Roja, publicado por la editorial española Nazarí, que plasma toda esta
vertiente de dolor. Días difíciles para México. Cuando parece que nada nos
puede salvar de la violencia y la inseguridad que padecemos a diario, la poesía
se convierte en la manera de poder expresarnos, apropiándonos de las palabras,
seguimos manteniendo ese lazo humano. Xánath Caraza, con su escritura, se ha
convertido en nuestra voz.
Asimismo,
si bien, plasma algunas de las terribles circunstancias en las que está
sumergido el país que la vio nacer, Caraza mira más allá, mira a la humanidad
entera. Desde la premisa, todo lo que pasa en el resto del mundo, tiene que ver
conmigo y nos ocurren a todos, Xánath nos habla desde lo que ocurre en Xalapa,
México, así como en Orlando, USA, en Siria, en Japón con Fukushima; las
preocupaciones son muchas y, como dijo Thomas Carlyle, “puede decirse que el
grito de la historia nace con nosotros y que es uno de nuestros dones más
importantes. En cierto sentido somos históricos todos los hombres.”
Por
si fuera poco alzar la voz, con indignación y aflicción, ante el abrojo que
representan estos terroríficos hechos que hieren nuestras vidas, Xánath Caraza
se solidariza y se hermana con las víctimas, con sus familias, con las causas
y, por supuesto, con todos nosotros que nos hemos convertido sin querer,
irremediablemente, en testigos de esta violencia cotidiana.
Xánath,
a través de sus versos, señala la herida pero también ofrece la cura de la
palabra, el alivio de saber que la memoria perpetuará los recuerdos, la
esperanza de saber que el agua limpia, purifica y sana. Lágrima roja es un
grito que dice “¡basta, esto tiene que parar!”, es también, el poemario que nos
acoge, a todos, como hermanos, que nos ofrece un testimonio abrasador sobre
cómo nos sentimos en este momento histórico, sobre nuestra herida, sobre la
lágrima roja que cada uno de nosotros ha derramado, más de una vez, una lágrima
de sangre, por tanta vida que nos ha sido arrebatada.
“Canta,
justicia divina,
manifiéstate
entre nosotros,
salva
a tus hijas.
Allá,
acá,
cerca
y lejos,
dentro
y fuera es
donde
te necesitamos.
No
más muertes de mujeres inocentes.
No
más muerte de gente con hambre.
No
más niños huyendo de la muerte.
No
más mujeres desaparecidas.
No
más padres tragados por la oscuridad”.
Xánath
Caraza
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viernes, 27 de enero de 2017
De fronteras y puentes
Salmo
Wislawa
Szymborska
Las
fronteras de las naciones humanas ¡qué permeables son!
¡Cuántas
nubes pasan impunemente flotando sobre ellas,
cuánta
arena del desierto se desliza de uno a otro país,
cuántas
piedras ruedan
desde
las montañas hasta los dominios ajenos
con
botes desafiantes!
¿He
de mencionar aquí los pájaros que vuelan
uno
tras otro
y
se posan en las barreras bajadas?
Incluso
si fuera sólo un gorrión,
ya
tiene allí la cola,
mas
su pico permanece aquí.
Además
¡nunca se queda quieto!
Entre
los innúmeros insectos me limitaré a la hormiga,
que
entre las botas derecha e izquierda del guardia
a
la pregunta: de dónde, a dónde
-no
se siente obligado a contestar-.
¡Ah,
mirad con atención
todo
este desorden a la vez
por
todos los continentes!
¿Acaso
no es la alheña la que desde la orilla opuesta
pasa
de contrabando su cienmilésima hoja?
¿Y
quién si no el calamar
de
osados y largos tentáculos
viola
la sagrada zona de la aguas territoriales?
¿Cómo
se puede hablar en general de orden alguno,
si
ni siquiera es posible repartirse las estrellas
para
saber cuál brilla para quién?
¡Y
que aún el reprobable expandirse de las nieblas!
¡Y
del polen, por toda la superficie de la estepa,
como
si no estuviera bien partida en dos!
¡Y
el resonar de las voces por las serviciales ondas del aire:
gritos
que llaman y gorgojos llenos de significado!
Sólo
lo humano logra ser verdaderamente ajeno.
Lo
demás son bosques entremezclados, obras de topo y viento.
***
Yo
nací para cruzar puentes
Maliyel
Beverido
Hay
quienes se alojan en su sombra
y
quienes se arrojan por su borda;
yo
nací para cruzarlos,
para
mirar cómo se acerca la otra orilla
con
ese vértigo hecho de paz y asombro.
Yo
nací para cruzar puentes.
Podría
permanecer como la hierba del prado,
como
la gravilla ribereña,
como
un arbusto más del soto,
como
un álamo que aguarda,
al
margen de la calle transitada,
a
que un rodar se interrumpa y cuente
cómo
es de donde viene.
Podría
quedarme dócilmente aquí,
donde
he nacido, hasta morirme.
Pero
no quiero.
Podría
también dar ojeadas sediciosas
a
otros que se van y vuelven,
o
no.
Pero
no quiero:
Yo
lo que quiero es cruzar puentes.
Cruzar
un puente es dejar un mundo
sin
renunciar a él.
Podría
atravezar el aire en vuelo
como
una espora vegetal,
como
un ave -de sangre o de aceite-
como
una bala de cañón,
saltar
de un punto a otro del planeta
y
avistar desde lo alto
el
fondo de los acantilados y los arroyos
sin
mojarme los pies.
Pero
no quiero;
Yo
nací para cruzar puentes.
Nací
para dar un paso tras otro
sobre
un entarimado que se construye al tiempo que ando
en
una prolongación del suelo.
Tomar
la barandilla,
estirar
los brazos como un funámbulo
o
esconder las manos en los bolsillos del saco.
Marchar,
marchar
Observar
a los costados,
o
sólo hacia delante, o hacia atrás, o avanzar a ciegas.
Cruzar
un puente es acercarse a un mundo
sin
ampararse de él.
Yo
nací para cruzar puentes;
los
vetustos, los hechizos, los modernos.
Mohosas
celosías de metal,
troncos
derribados,
estructuras
de hormigón,
esmerados
cúmulos de piedra.
Un
puente es ambas caras de una moneda en el aire,
la
joroba de un camello de dos cabezas,
la
mano que el espejo tiende,
una
fracción de Moebius,
y
no existe vueltra atrás.
El
anhelo lleva al otro lado,
siempre
al otro lado.
Siempre
es domingo sobre el puente.
Hay
millones de puentes que me esperan.
Yo
nací para cruzar puentes;
alguien
ha estado construyendo puentes
desde
el principio de los tiempos para mí,
para
que yo me eche a recorrelos.
De
madera de acero de piedra,
colgantes
levadizos suspendidos,
de
viga en arco atirantados,
puentes
viaductos pasarelas.
Puentes
para unir tierra con tierra,
puentes
para los pies, de los pies a la cabeza.
Al
otro lado un contraluz, una sombra, una figura,
un
susurro quizá, seguramente una palabra
que
me invita
al
otro lado que soy yo misma.
Yo
nací para cruzar puentes.
Y
cada mañana me levanto
como
un puente
para
que el día me atraviese.
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