Macanudo de Liniers

Macanudo de Liniers
"¿Y si no fuésemos otra cosa que los brazos de una voz?" Decir. Maliyel Beverido

lunes, 17 de noviembre de 2014

La amplitud de la soledad


Jana Putrle Srdic
Jana Putrle Srdic (Liubliana, Eslovenia, 1975) Es poeta, publicista, traductora y masajista. Desde la publicación de su primer poemario Membrillos (Kutine, 2003) se dedica también a organizar eventos culturales en el Centro de Literatura Eslovena. Su segundo libro de poesía Puede pasar cualquier cosa (Lahko se zgodi karkoli) se publicó en 2007. Participó en numerosos festivales y lecturas en el extranjero. Fue traducida y publicada en diferentes revistas en nueve lenguas. Es traductora de poesía contemporánea rusa, inglesa y serbia, y autora de las traducciones de los libros de poesía de Robert Hass, Ana Ristović, Sapphire y de Poesía rusa contemporánea. Escribe artículos sobre cine arte para distintas revistas.

Mujer en la ventana

Una mujer en el núcleo de su familia se
escurre hacia el borde de la sociedad,
una mujer frente a una pantalla vacía,
en el cubo desnudo de una galería
es un error inadvertido, un espacio vacío
en la multitud de votantes y manifestantes,
nadie la necesita. Ella está ahí,
arrastrando su pierna izquierda,
sin saber qué hacer, espera
que la salve el autobús, que la salve un email
o alguien que la llame por teléfono.

En alguna parte extranjera del mundo, una mujer está
frente a la ventana, contemplando la nieve
que cae pesada borrando —la mujer está asomada
a su propio vacío, y en este desolado espacio
donde nadie la necesita,
en la incómoda cabeza vuelta,
en un jersey que es apenas suyo,
con nieve en los hombros,
intenta conjurar algo aún irreconocible,
algo sobre una forma hacia la cual ella
alargará la mano,
la estructura del mundo que penetra lo visible
sólo a través de las ramas de árboles y de
finas líneas en el hielo.

Cuanto llama a la mujer a la ventana
la mantiene en silencio. Ella sopesa dar
un paso hacia lo desconocido.


 Su soledad es un detallado mapa de miedos adormecidos.
(Ilustración: Catrin Welz-Stein)


Desapariciones

A los seis meses de tu muerte
llamé a tu casa,
nadie atendió el teléfono y
de repente en el contestador
me sorprendió tu voz.

Como si los cactus de la repisa
rodearan mi cama por la mañana.

Como si contestaras desde un cubo
rosado de gelatina.

Tu voz
es para mí conocida y extraña a la vez,
inusualmente resuelta como la voz
de un hombre de treinta años que nunca
está en casa y necesita un contestador,

porque acaba de volver de handball
y tiene prisa para llegar a las prácticas de tiro.
Como todos los tiradores, sabe que en el camino
hacia el campo de tiro debe fijar la mirada
a través de la ventana del autobús, siempre en el mismo punto,
en la luna del cielo del atardecer,

para que después, ante el blanco,
el corazón le empiece a latir en círculos blancos
hasta unirlos con su pulso en un punto,
y apretar entonces el gatillo.

Una voz
conocida de un hombre de treinta años en luna
de miel rumbo a Venecia con una cinta de Glenn Miller
en el coche. Un sombrero femenino con alas grandes.
Unos pantalones livianos de verano – al estilo de Gatsby –
que se deslizan por las rodillas al saltar
dos escalones a la vez en los puentes.
Canales que apestan, paredes húmedas,
palomas, le dice a ella, palomas por todas partes,
y ligeramente prende a la vez con su encendedor
sonrisas en los negativos.

Paso al lado de este alto hombre delgado
con una camisa clara de verano que no me reconoce
porque aún no existo.

Pienso: cuando grabemos encima de la cinta
del contestador y tu voz en mi cabeza
se haga borrosa, también yo voy a volverme
un poco más transparente.


Lo fascinante del trabajo de Putrle es su capacidad de
deshilvanar la lentitud de la soledad. (Ilustración: 
Catrin Welz-Stein)


Lentitud del invierno

Todo te pasa con un lapso de retraso:
un verso una y otra vez.
Mil veces el mismo gesto, el cuchillo sobre las patatas,
la mano a través del cuerpo.
Haces girar la rueda y mueves los engranajes.
Nada en especial, contemplas fijamente
el cristal de tu mesa, escuchas la respiración
del perro.
A menudo, las cosas sólo son.
Ella dice adiós con la mano
cuando pasas,
los coches avanzan con luz verde
y se detienen con luz roja.
Todo está por venir o ha pasado ya:
amor, soledad, trabajo.
Y todo es bueno para algo,
incluso este maldito frío
que matará a todas las garrapatas.


 Su soledad es un intervalo de reflexión, de lucidez en 
distintas intensidades.(Ilustración: Catrin Welz-Stein)





*Traducción: Martín López Vega.


Jana Putrle Srdic nació en Ljubljana en 1975.

1 comentario:

  1. Buenas tardes Xóchitl: Me agradaría publicar un poema de Jana P Srdic en mi blog, El poeta ocasional, si estás de acuerdo. Te saluda, Pedro

    www.elpoetaocasional.blogspot.com

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