Macanudo de Liniers

Macanudo de Liniers
"¿Y si no fuésemos otra cosa que los brazos de una voz?" Decir. Maliyel Beverido

miércoles, 10 de agosto de 2016

Escuchando tu silencio



Me basta así

Alberto Acerete


Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
—de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso—;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando —luego— callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.

Me basta)

*

La gran extinción

Alberto Acerete

Hay cosas que a veces nos facilitan la vida.
Por ejemplo,
decir «estuve equivocado» cuando se ha estado equivocado.
También pedir perdón
y saber cuándo no pedirlo.
O cosas materiales como la casa, los trenes,
el chocolate en burbujas, las escobas voladoras y especialmente la televisión.
Siempre es útil la humildad de aprender algo nuevo cada día.
Hay muchas cosas para seguir adelante,
del mismo modo en que, tras cada gran extinción, ha mejorado notablemente la vida en el planeta.
Hay muchas cosas, es cierto,
pero solo una nos hace inmunes a la muerte:
aceptar que hacemos menguar al resto incluso cuando respiramos.
Que por buenos que nos pensemos o bueno sea el propósito de nuestra vida
traemos el dolor con nosotros.
Y, en un gesto que ni siquiera sabemos altivo, lo regalamos generosamente.
Nos protegemos a ciegas pero, en definitiva,
es a nosotros a quienes debemos el perdón más firme.
Que da igual lo que tengamos, las intenciones y los sentimientos,
porque solo se sobrevive a la muerte del entorno
siendo fiel a uno mismo.
Y, finalmente, la fidelidad se acomete con una única cuestión:
¿Cuántas veces en la vida te perdonas?




Alberto Acerete (España, 1987) poeta, editor y traductor. En 2010 publicó El último verano, en 2014, Cartas a la guerra y, el año pasado, Yo quiero bailar.

Traven, miembro del club de Bartleby



Mucho más que Gracq y que Salinger y que Pynchon, el hombre que se hacía llamar B. Traven fue la auténtica expresión de lo que conocemos por «escritor oculto».

Mucho más que Gracq, Salinger y Pynchon juntos. Porque el caso de B. Traven está repleto de matices excepcionales. Para empezar, no se sabe dónde nació ni él quiso aclararlo nunca. Para algunos, el hombre que decía llamarse B. Traven era un novelista norteamericano nacido en Chicago. Para otros, era Otto Feige, escritor alemán que habría tenido problemas con la justicia a causa de sus ideas anarquistas. Pero también se decía que en realidad era Maurice Rethenau, hijo del fundador de la multinacional AEG, y también había quien aseguraba que era hijo del kaiser Guillermo II.

Aunque concedió su primera entrevista en 1966, el autor de novelas como El tesoro de Sierra Madre o El puente en la selva insistió en el derecho al secreto de su vida privada, por lo que su identidad sigue siendo un misterio.

«La historia de Traven es la historia de su negación», ha escrito Alejandro Gándara en su prólogo a El puente en la selva. En efecto, es una historia de la que no tenemos datos y no pueden tenerse, lo que equivale a decir que ése es el auténtico dato. Negando todo pasado, negó todo presente, es decir, toda presencia. Traven no existió nunca, ni siquiera para sus contemporáneos. Es un escritor del No muy peculiar y hay algo muy trágico en la fuerza con la que rechazó la invención de su identidad.

«Este escritor oculto -ha dicho Walter Rehmer- resume en su identidad ausente toda la conciencia trágica de la literatura moderna, la conciencia de una escritura que, al quedar expuesta a su insuficiencia e imposibilidad, hace de esta exposición su cuestión fundamental.»

Estas palabras de Walter Rehmer -me acabo ahora de dar cuenta- podrían resumir también mis esfuerzos en este conjunto de notas sin texto. De ellas también podría decirse que reúnen toda o al menos parte de la conciencia de una escritura que, al quedar expuesta a su imposibilidad, hace de esta exposición su cuestión fundamental.

En fin, pienso que las frases de Rehmer son atinadas, pero que si Traven las hubiera leído se habría quedado, primero, estupefacto, y luego se habría desternillado de risa. De hecho, yo estoy a punto ahora de reaccionar de ese modo, pues a fin de cuentas detesto, por su solemnidad, la obra ensayística de Rehmer.

Vuelvo a Traven. La primera vez que oí hablar de él fue en Puerto Vallaría, México, en una de las cantinas de las afueras de la ciudad. Hace de eso algunos años, era en la época en que empleaba mis ahorros en viajar en agosto al extranjero. Oí hablar de Traven en esa cantina. Yo acababa de llegar de Puerto Escondido, un pueblo que, por su peculiar nombre, habría sido el escenario más apropiado para que alguien me hubiera hablado del escritor más escondido de todos. Pero no fue allí sino en Puerto Vallarta donde por primera vez alguien me contó la historia de Traven.


La cantina de Puerto Vallarta estaba a pocas millas de la casa donde John Huston -que llevó al cine El tesoro de Sierra Madre- pasó los últimos años de su vida refugiado en Las Caletas, una finca frente al mar y con la jungla a la espalda, una especie de puerto de la selva azotado invariablemente por los huracanes del golfo.

Cuenta Huston en su libro de memorias que escribió el guión de El tesoro de Sierra Madre y le mandó una copia a Traven, que le contestó con una respuesta de veinte páginas llenas de detalladas sugerencias respecto a la construcción de decorados, iluminación y otros asuntos.

Huston estaba ansioso por conocer al misterioso escritor, que por aquel entonces ya tenía fama de ocultar su verdadero nombre: «Conseguí -dice Huston- una vaga promesa de que se reuniría conmigo en el Hotel Bamer de Ciudad de México. Hice el viaje y esperé. Pero él no se presentó. Una mañana, casi una semana después de mi llegada, me desperté poco después del amanecer y vi que había un tipo a los pies de mi cama, un hombre que me tendió una tarjeta que decía: «Hal Croves. Traductor. Acapulco y San Antonio».

Luego ese hombre mostró una carta de Traven, que Huston leyó aún en la cama. En la carta, Traven le decía que estaba enfermo y no había podido acudir a la cita, pero que Hal Croves era su gran amigo y sabía tanto acerca de su obra como de él mismo, y que por tanto estaba autorizado a responder a cualquier consulta que quisiera hacerle.

Y, en efecto, Croves, que dijo ser el agente cinematográfico de Traven, lo sabía todo sobre la obra de éste. Croves estuvo dos semanas en el rodaje de la película y colaboró activamente en ella. Era un hombre raro y cordial, que tenía una conversación amena (que a veces se volvía infinita, parecía un libro de Carlo Emilio Gadda), aunque a la hora de la verdad sus temas preferidos eran el dolor humano y el horror. Cuando dejó el rodaje, Huston y sus ayudantes en la película comenzaron a atar cabos y se dieron cuenta de que aquel agente cinematográfico era un impostor, aquel agente era, muy probablemente, el propio Traven.

Cuando se estrenó la película se puso de moda el misterio de la identidad de B. Traven. Se llegó a decir que detrás de ese nombre había un colectivo de escritores hondurenos. Para Huston, Hal Croves era sin duda de origen europeo, alemán o austríaco; lo raro era que los temas de sus novelas narraban las experiencias de un americano en Europa occidental, en el mar y en México, y eran experiencias que se notaba a la legua que habían sido vividas.

Se puso tan de moda el misterio de la identidad de Traven que una revista mexicana envió a dos reporteros a espiar a Croves en un intento de averiguar quién era realmente el agente cinematográfico de Traven. Le encontraron al frente de un pequeño almacén al borde de la jungla, cerca de Acapulco. Vigilaron el almacén hasta que vieron salir a Croves camino de la ciudad. Entonces entraron forzando la puerta y registraron su escritorio, donde encontraron tres manuscritos firmados por Traven y pruebas de que Croves utilizaba otro nombre: Traven Torsvan.

Otras investigaciones periodísticas descubrieron que tenía un cuarto nombre: Ret Marut, un escritor anarquista que había desaparecido en México en 1923 y los datos, pues, encajaban. Croves murió en 1969, algunos años después de casarse con su colaboradora Rosa Elena Lujan. Un mes después de su muerte, su viuda confirmó que B. Traven era Ret Marut.

Escritor esquivo donde los haya, Traven utilizó, tanto en la ficción como en la realidad, una apabullante variedad de nombres para encubrir el verdadero: Traven Torsvan, Arnolds, Través Torsvan, Barker, Traven Torsvan Torsvan, Berick Traven, Traven Torsvan Croves, B. T. Torsvan, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut, Traven Robert Marut, Fred Maruth, Fred Mareth, Red Marut, Richard Maurhut, Albert Otto Max Wienecke, Adolf Rudolf Feige Kraus, Martínez, Fred Gaudet, Otto Wiencke, Lainger, Goetz Ohly, Antón Riderschdeit, Robert BeckGran, Arthur Terlelm, Wilhelm Scheider, Heinrich Otto Baker y Otto Torsvan.

Tuvo menos nacionalidades que nombres, pero tampoco anduvo corto en este aspecto. Dijo ser inglés, nicaragüense, croata, mexicano, alemán, austriaco, norteamericano, lituano y sueco.

Uno de los que intentaron escribir su biografía, Jonah Raskin, por poco se vuelve loco en el intento. Contó con la colaboración, desde el primer momento, de Rosa Elena Lujan, pero pronto empezó a comprender que la viuda tampoco sabía a ciencia cierta quién diablos era Traven. Una hijastra de éste, además, contribuyó a enredarlo ya de forma absoluta al asegurar que ella recordaba haber visto a su padre hablando con el señor Hal Croves.

Jonah Raskin acabó abandonando la idea de la biografía y terminó escribiendo la historia de su búsqueda inútil del verdadero nombre de Traven, la delirante y novelesca historia. Raskin optó por abandonar las investigaciones cuando se dio cuenta de que estaba arriesgando su salud mental; había comenzado a vestirse con la ropa de Traven, se ponía sus gafas, se hacía llamar Hal Croves…

B. Traven, el más oculto de los escritores ocultos, me recuerda al protagonista de El hombre que fue jueves, de Chesterton. En esta novela se habla de una vasta y peligrosa conspiración integrada en realidad por un solo hombre que, como dice Borges, engaña a todo el mundo «con socorro de barbas, de caretas y de pseudónimos».

Se escondía Traven, voy a esconderme yo, se esconde mañana el sol, llega el último eclipse total del milenio. Y ya mi voz va volviéndose lejana mientras se prepara para decir que se va, va a probar otros lugares.

Sólo yo he existido, dice la voz, si al hablar de mí puede hablarse de vida. Y dice que se eclipsa, que se va, que acabar aquí sería perfecto, pero se pregunta si esto es deseable. Y a sí misma se responde que sí es deseable, que acabar aquí sería maravilloso, sería perfecto, quienquiera que ella sea, donde sea que ella esté.



*Fragmento tomado de Vila-Matas, Enrique. Bartleby & compañía. Anagrama, 2002. Págs 211-217.

jueves, 4 de agosto de 2016

Postal sobre Camille





"Camille Claudel vivió durante los últimos treinta años de su vida en un asilo, preguntándose por qué, escribiendo cartas a su hermano poeta, que había autorizado su internamiento. Venid a visitarme, decía. Recordad, estoy viviendo aquí con locas; los días son largos. No fumaba ni daba paseos. Se negaba a esculpir. Aunque le daban piedras para dormir -mármol y granito y porfirio- las rompía, recogía los trozos y los enterraba fuera de los muros por la noche. Por la noche sus manos crecían, más y más enormes hasta que en la fotografía parecen dos partes de otro cargadas sobre las rodillas."


*Carson, Anne. Sobre piedras para dormir.

domingo, 31 de julio de 2016

Un año sin #ju5ticiaNavarte


LA NARVARTE

El día de hoy se cumple un año del multihomicidio en la colonia Narvarte, un acontecimiento que refleja la situación que vive México en el ámbito de la libertad de expresión.
Son muchos y muchas periodistas que nos faltan en el país, todos y todas víctimas de la intolerancia y el autoritarismo de gobernantes locales, estatales y federales.

Quienes vivimos en México sabemos el tremendo valor que tienen los periodistas que se atreven a escribir y hablar con la verdad, a no querer tapar el sol con un dedo.

También sabemos de la bola de corruptos y asesinos que cada tres o seis años se hacen con el poder y desde ahí sangran a nuestro país todos los días.

Desde nuestro sitio vemos y sufrimos los atropellos; desde nuestro sitio unas veces hablamos y otras veces callamos; desde nuestro sitio hacemos o no hacemos, pero está claro que sabemos lo que pasa.

Nuestra solidaridad con las familias de l@s 5 de la ‪#‎Narvarte

Quienes sabemos del dolor, la dignidad, la rabia y la lucha les abrazamos.

*Texto: Omar García Velásquez. Sobreviviente del ataque perpetrado contra los estudiantes de la Normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, el día 26 de septiembre de 2014.

Imagen tomada de Sinembargo.mx

Carta

Cuando nos arrebatan lo que más amamos, no existe ya la posibilidad de justicia. Cuando la palabra justicia pierde significado, sólo nos queda la defensa de la memoria, la defensa propia.

“[…]  país-infierno, país de policías. Largo río de llanto, ancha mar dolorosa, república de ángeles, patria perdida. País mío, nuestro, de todos y de nadie […]” –Efraín Huerta.

Desde este país que se sostiene sobre pilares de miseria, injusticia, impunidad, corrupción y crimen.

Desde este país cuya gran parte de la sociedad se alza como una corte hostil para juzgarlo todo a través de su lente empañada de prejuicios y doble moral.

Desde este país donde “poderoso caballero es don dinero”.

Desde este país donde tienen el mismo argumento para todas las investigaciones de hechos violentos.

Desde este país donde se revictimiza a las víctimas y se protege a los criminales.

Desde este país donde los jueces dejan a la ciudadanía en un estado de indefensión con su omisión deliberada al dejar libres a los delincuentes, argumentando que no tuvieron el debido proceso o que “no sabían que iban a delinquir”.

Desde este país donde las Procuradurías exhiben el sistema de injusticia incapaz de armar casos sólidos y atender un número creciente de expedientes que se acumulan unos detrás de otros.

Desde este país cuyo interés político del Gobierno, no le permite mirar la escalada de violencia y se vuelve autoridad omisa o cómplice capaz de obstaculizar una investigación judicial.

Desde este país donde abrir los ojos cada día y descubrir que se está aquí, es más que un milagro.

Desde este país de fuegos cruzados, de defensorías de derechos para los delincuentes.

Desde este país donde nos crean la ilusión de libre tránsito y de libre expresión.

Desde este país donde impera la negligencia o la incapacidad en las instituciones.

Desde este país donde la mayoría de los medios son “peces de ciudad que perdieron las agallas en un banco de morralla”.

Desde este país donde te persiguen, te acosan, te amenazan.

Desde este país donde a la violencia de los criminales le sigue la violencia institucional.

Desde este país donde a uno lo van borrando, le van quitando la esperanza.

Desde este país donde parece ser que el único lugar seguro es un libro.

Desde este país donde no sirven nuestras palabras ante sus balas.

Desde este país mi voz pretende salir, alzarse y que la lleve el viento a resonar allende las fronteras para denunciar que al dolor que me invade por el asesinato de mi hija Nadia Dominique Vera Pérez, se aúna el dolor de saber que:

A una vuelta de la tierra alrededor del sol, es decir a un año de la masacre.

No se tiene un móvil claro.

No hay autoridad alguna que quiera hacer una investigación seria, justa, sin intereses políticos ni personales, sin dinero de por medio; una investigación clara, diligente, exhaustiva, eficaz y científica.

No se han castigado a los verdaderos culpables de las filtraciones del expediente.

No se ha investigado quienes se apropiaron de las pertenencias de las víctimas.

No se le ha permitido declarar a los amigos, familiares y vecinos que han querido aportar información.

No se ha buscado el arma con que se cometió el crimen.

No se mantuvo la cadena de custodia, no se protegió debidamente el lugar, los objetos y ninguna autoridad impidió que se modificara la escena del crimen.

No se acataron los protocolos para los interrogados del Gobierno del Estado de Veracruz, quienes recibieron trato preferencial, restándole así importancia a que fueron asesinadas cinco personas.

No ha sido contemplada la actividad de Nadia Vera como activista y de Rubén Espinosa como periodista, en la ciudad de Xalapa, como un hecho que los colocó en una situación de vulnerabilidad.

No se ha investigado al Gobierno de Veracruz (cuyos policías estatales vestidos de civil detuvieron, golpearon y robaron a Nadia Vera; la subieron a una camioneta y la amenazaron por sus actividades políticas; entraron a su casa y husmearon; y con todo ello la obligaron a emigrar al DF).

No se ha brindado a los familiares el apoyo de atención psicológica y jurídica.

No son capaces de entender que no hay dinero que repare el daño causado a nuestra familia, no hay dinero que pueda devolvernos a nuestra Nadia, a nuestro Rubén; no hay dinero que pueda curar la hondísima herida de nuestro corazón.

No han hecho su trabajo quienes así se ostentan como autoridades, no han hecho su trabajo ya sea por incapacidad o por negligencia, por intereses mezquinos o políticos.

Y aunque se hubiese hecho bien lo que no se supo hacer , ni con su encarcelamiento ni con sus vidas de los autores intelectuales y materiales del crimen, más allá de diez generaciones, podrían pagar ni restituir la generosa e invaluable presencia de nuestra Nadia, de nuestro Rubén, únicos e irrepetibles.

Mi país es un campo de amapolas / regado con la púrpura savia de los jóvenes. “Seamos realistas, hagamos lo imposible”.

Mirtha Luz Pérez Robledo, madre.

Julio, 2016.


jueves, 21 de julio de 2016

Norte: Mucho más que fronteras y desiertos








Norte. Una antología



Durante los últimos cien años los narradores nacidos o radicados en el norte se han multiplicado, alimentando con sus historias un imaginario colectivo que se desenvuelve en líneas fronterizas, desiertos, cadenas de montañas y urbes populosas donde habitan o deambulan lugareños y migrantes, gringos extraviados e indígenas supervivientes, seres de carne y hueso y espectros surgidos de realidades alternas. Desde los tres miembros del Ateneo de la Juventud incluidos aquí, Martín Luis Guzmán, Alfonso Reyes y Julio Torri, pasando por clásicos de la Revolución, como Rafael F. Muñoz y Nellie Campobello, hasta llegar a los jóvenes escritores en activo, hay en las presentes páginas un “aire de familia” que cualquier lector será capaz de reconocer.

Si la obra de aquellos fundadores devino piedra angular de la literatura mexicana contemporánea, autores como Rubín, Revueltas, Arredondo o Valadés elevaron la escritura del cuento hasta su punto culminante, y dieron paso a los miembros de las siguientes promociones hasta llegar a Gardea, Elizondo Elizondo y Sada, conocidos en los ochenta como “los narradores del desierto”. Y en la década del noventa –cuando se comenzaba a hablar de la literatura del norte o de la frontera–, aparecieron Élmer Mendoza, David Toscana, Luis Humberto Crosthwaite, Cristina Rivera Garza, Juan José Rodríguez, Julián Herbert, Luis Jorge Boone y César Silva, a quienes siguen los escritores surgidos en el cambio de milenio, que abren nuevas rutas temáticas y técnicas, y acuden a géneros y subgéneros antes desdeñados, con lo que mantienen en el centro del debate literario la producción regional.

Norte. Una antología es una muestra de cuarenta y nueve narradores del norte. Su propósito es acercar y hacer perceptibles a todos los lectores esos rasgos que distinguen al ser norteño, tanto en lo que respecta a los hombres y mujeres que habitan esa realidad como a los personajes surgidos de la imaginación de sus creadores.

Pasional



María del Carmen Mondragón Valseca: Mirada hipnotizante que seducía a cualquiera, carácter fuerte y extravagante. La mujer que dicen que fue la más bella de su época nació el 8 de julio de 1893 en México pero estudió en Francia, cuando Porfirio Díaz envió a su padre a Europa en una misión. A los 10 años, Carmen escribía rebelde: “Protesto a pesar de mi edad por estar bajo la tutela de mis padres”, cuando pensaba en que le arreglarían un matrimonio.

Carmen, hija del General Mondragón – quién resulto ser uno de los participantes de la Decena Trágica, motivo por lo que fue desterrado del país – fue conocida desde siempre como una niña burguesa con un espíritu indomable, con una gran ansiedad por amar y ser amada y hasta idolatrada.

En 1921, después de una larga estadía en Europa, regresa a México, donde es pionera en el uso de la minifalda  y se mezcla con los círculos culturales más importantes de la época, donde ella no sólo es musa sino también creadora: la poesía y la pintura son sus dos principales formas de expresión; aunque actualmente aún no se ha publicado toda su obra.

A los 20 años se enamora de un cadete del regimiento de su padre, el después pintor Manuel Rodríguez Lozano quién la desilusionaría  tanto en lo emocional como en lo íntimo: pues Rodríguez Lozano era homosexual. Se casaron en 1913. El matrimonio fue tormentoso, marcado por peleas y la muerte de su único hijo cuando todavía era un bebé; la leyenda dice que la propia Carmen lo ahogó, pero la investigación histórica sostiene que el niño falleció mientras dormía. En 1921 el matrimonio volvió a México; Carmen quiso el divorcio, pero su familia no se lo permitió, no eran épocas de divorcios, pero a Carmen poco le importó.

Conoció a Gerardo Murillo, famoso artista y vulcanólogo que intervenía en política y se mudaron al ex convento de La Merced. Murillo se cambió su nombre por Dr. Atl (agua en náhuatl) cuando viajaba en barco de Nueva York a París y se desató una tremenda tempestad.

Dr. Atl se convirtió en una influencia tan grande en la joven que ella decidió cambiarse el nombre por Nahui Olin, que es la fecha que en el calendario azteca significa el movimiento renovador de los ciclos del cosmos, y comenzar una carrera como pintora y poeta; y entonces renunció, para siempre, a ser María del Carmen Mondragón Valseca.

“Mi nombre es como el de todas las cosas: sin principio ni fin, y sin embargo sin aislarme de la totalidad por mi evolución distinta en ese conjunto infinito, las palabras más cercanas a nombrarme son NAHUI-OLIN. Nombre cosmogónico, la fuerza, el poder de movimiento que irradian luz, vida y fuerza. En azteca, el poder que tiene el sol de mover el conjunto que abarca su sistema, pero, sin embargo hace siglos que existe mi substancia sin nombre alguno va evolucionando y hace siglos y ahora mismo que no tengo nombre y voy marchando sin descanso alguno en un tiempo sin fin y soy en una faz distinta el sin principio ni fin de todas las cosas.”

Nahui Olin y el doctor Atl fueron una pareja perfecta y explosiva que causaba terremotos emocionales en el convento de la Merced, su hogar. Vivían cada momento como si fuera el último, como si quisieran consumirse de pasión y resucitar al siguiente día para comenzar otra vez. El Doctor Atl y Nahui Olin eran excéntricos y que vivieron sus días juntos tan apasionadamente que las discusiones, los celos y el romance los consumieron.


“Amor eterno, amor Atl, la palpitación de mi corazón es el sonido de tu nombre, que amo con toda la frescura de mi juventud, único ser que adoro, moja los ojos de tu amada con el semen de tu vida, para que se sequen de pasión, quien no ha…y será, más que tuya”.

El Doctor Atl celaba a la pintora porque constantemente posaba desnuda para otros pintores y fotógrafos, probablemente para celebrar su libertad y derecho a decidir su vida: no seguir las reglas impuestas por el general, encontrar su camino, seguirlo y vivirlo como le pareciera mejor. Su cuerpo fue el medio para expresar tanto su libertad como su sexualidad; era la extensión que le permitía alcanzar a alguien más y unirlo a su existencia. Por ello, posó desnuda para el fotógrafo Edward Weston en Hollywood.

Poco después, de finalizar su relación con Alt, Nahui pudo encontrar la calma al lado de Eugenio Agacino, marino español con quien vivió un romance menos pasional y más romántico. La pareja perfecta se rumoraba en la época; sin embargo, Agacino murió intoxicado en Cuba.

Ella lo esperaba en la orilla del mar de Veracruz. Él nunca llegó. Desde ese momento, la artista decidió alejarse de la vida pública. Deshecha por su mala suerte en el amor, por perder a su único aliado de esos días y dio su carrera artística como finalizada. Después de la muerte de Eugenio Agacino, Nahui Olin no volvió a ser la misma. Dedicó menos tiempo a la pintura y más a escribir. Sin embargo, expuso por última vez en 1945. A pesar de la desdicha, Nahui Olin vivió 40 años más.


En los últimos años de su vida, vivió con sus gatos en la casa que heredara de sus padres, desempeñándose como maestra de pintura en una escuela primaria y sostenida apenas por una beca que le daba Bellas Artes. Andaba por la calle vestida con harapos, y decía que “era la dueña del sol: cada mañana, lo hacía salir con su mirada, y cada noche lo devolvía al ocaso”. Se convirtió en un personaje triste para todos, menos para ella, que seguía orgullosa de su cuerpo y su pasado. Nunca pudo olvidar a Eugenio: hasta su muerte, colgó en su casa una sábana donde había pintado a su amante capitán y dormía abrazada a ella. El único adorno verdadero que la acompañó en esos días de locura fueron el par de ojos verdes que nunca perdieron el brillo ni el color. Aquellos que tuvieron el valor de mirar el funeral del Dr. Atl en Bellas Artes y no se mostraron deshechos como lo estaba su dueña.

Muy enferma pide a sus sobrinas que la trasladen a la recámara donde nació y el 23 de enero de 1978, Carmen Mondragón / Nahui Olin, cierra por siempre sus bellos y enormes ojos verdes. Los restos mortales de Carmen Mondragón descansan en el Panteón Español en la Ciudad de México.

“Mi cuerpo y mi espíritu tienen siempre loca sed de esos mundos nuevos que voy buscando sin cesar y de las cosas o los individuos que tienen siempre nuevos rostros bajo la influencia de mi espíritu, es una inquietud creadora que juega con esos mundos que voy creando.”



***

Insaciable sed
(Fragmento)

Nahui Olin

Mi espíritu y mi cuerpo tienen siempre loca sed
de esos mundos nuevos
que voy creando sin cesar,
y de las cosas
y de los elementos,
y de los seres,
que tienen siempre nuevas fases
bajo la influencia
de mi espíritu y mi cuerpo que tienen siempre loca
sed;
inagotable sed, de inquietud creadora,
que juega con los mundos nuevos
que voy creando sin cesar
y con las cosas que son una, y que son mil.
Y con los elementos,
y con los seres
que me dan insaciable sed—
y que no sé
si tienen
algo de sangre,—
algo de carne
o algo de espíritu—
que sirven de juegos intermitentes a la sensibilidad
de mi materia.

                                  ***

***Nahui Olin (1893-1978) fue una artista, por épocas pintora, por épocas escritora o compositora. Pero México la olvidó hasta que en 1992 se comenzó a hacer una catalogación de sus pinturas para una retrospectiva que se concretó en 1993 en el Estudio- Museo Diego Rivera, de la Ciudad de México.


***Fragmento tomado de: Nahui Olin: sin principio ni fin. Vida, obra.Universidad Autónoma de Nuevo León, 2011.