Macanudo de Liniers

Macanudo de Liniers
"¿Y si no fuésemos otra cosa que los brazos de una voz?" Decir. Maliyel Beverido

miércoles, 25 de julio de 2018

Sin embargo



Elvira Sastre. (España, 1992)

Sin embargo

Elvira Sastre

Te deseo a alguien

que no te diga lo guapa que eres

sino que te lo enseñe,

para que te lo aprendas

sin necesidad de repetírtelo.



Te deseo un poema sin adorno,

frases ridículas,

palabras llanas y simples,

para que entiendas que en el amor

poesía es lo que sale de su boca

y no lo que lees en los libros.



Te deseo un amante con el corazón roto

para que sepa entenderte

y para que respete tu tristeza

cuando haya humedades,

pero sobre todo

para que proteja los destrozos del tuyo

con el suyo

y cuando tiemblen

tener un sustento.



Te deseo un admirador del nudismo

para que vivas lo que es una mirada desmaquillada,

para que coloques los espejos al otro lado,

para que te lleve con los ojos

a amar tu cuerpo sobre todas las cosas,

para que respete tu belleza

y haga de tu silueta el mapa de su tesoro.



Te deseo a un fiel del mar

para que jamás detone las olas de tus lagrimales,

para que acepte que un día serás calma

y otro tempestad

y aun así decida volver a ti cada día,

para que no evite que te derrames,

para que lleve tu sabor en la piel

y mire dentro de ti aunque escueza.



Te deseo a un poeta

con toda mi pena

para que te condene en su egoísmo

a la eterna salvación,

para que te haga inmortal

cuando tengas ganas de morir,

para que la única bala que te dispare

cuando le abandones

-porque tú eres un pájaro atrapado en la nieve,

recuérdalo, amor mío-

sea la que detona una palabra,

para que cuando te sientas nadie

recuerdes que eres el olvido de alguien.



Te deseo a tantas personas

como amor quiero hacerte.



Yo, sin embargo,

solo te deseo a ti.


"Sin embargo" está incluido en su poemario Baluarte




*Elvira Sastre (Segovia, 1992). Reside en Madrid, en cuya universidad cursó el Grado de Estudios Ingleses y el Máster de Traducción Literaria. De vocación temprana, a los 15 años empieza a publicar poemas y relatos en distintas revistas y en su propio blog. En 2013 publicó el poemario 43 Maneras de Soltarse el Pelo, y al año siguiente su segundo libro, Baluarte. Le siguieron Ya Nadie Baila (Valparaíso, 2015), La Soledad de un Cuerpo Acostumbrado a la Herida (Visor, 2016) y Aquella Orilla Nuestra (Alfaguara, 2018)



lunes, 23 de julio de 2018

Natalia Litvinova lee un poema de Siguiente vitalidad

Natalia Litvinova lee un poema de «Siguiente Vitalidad» from Libros Tadeys on Vimeo.

Ecos de la memoria




La última cintura


Después de años de planos trazados a la perfección,

mi madre terminó remendando ropa ajena.

Un día llegó Juan con su leucemia.

Trajo pantalones para achicar. Estaba perdiendo peso.

Cada vez que venía, yo me tapaba la boca.

Quería arrojarme sobre su cuerpo.

Cinco pantalones reducidos para las cinco versiones

de su cintura. Juan, eras blanco cal,

la luz desperdiciada en la dimensión de tus ojos,

tus labios como si toda tu sangre se congregara allí.

La última vez que te vi trajiste el sexto pantalón

y lo destrocé sollozando hasta quedarme dormida.

A la mañana siguiente encontré a mi madre

con los ojos cristalizados, detrás de la máquina de coser,

iluminada por los débiles rayos del sol.

Al lado de toda esa ropa arrugada, indecente, sin dueño.

*

Un día se inició el olvido




Las partículas de tu rostro

comenzaron a desintegrarse.

Ahora todos los hombres

te retienen en sus rasgos.

Tus gorros roídos por las polillas

y los guantes deformes

por la ausencia de manos.

Un día todos los hombres

que caminaban bajo la lluvia

estuvieron hechos

a la medida de tu cuerpo.

Ya no recuerdo cuán ancha la espalda

o cuán suave la tela del abrigo,

un día el olvido comenzó,

estaba sola en el andén

y las puertas del vagón

se cerraban y se abrían

como si ingresara

una multitud de fantasmas.

La luz de la luna oscilaba

como un farol y las estrellas

parecían colmillos

de un animal al acecho.

Cesaron mi infancia y tu vejez

pero tu voz no,

campana indestructible,

trina en mi sien,

enferma de misterio.
*


Doma




¿Qué hacen los hombres de mi pasado,

qué ciudades destruyen? Cuando un caballo sin jinete

atraviesa el campo, veo en su mirada que lo han domado.

¿Qué hacen lejos de mí? ¿Y por qué los busco

en los ojos de los animales?



 *

La piel no se renueva


Enamorada y sola

voy a arrancar mi corazón

de la lluvia

y lo voy a nutrir 

*

La piel no se renueva, recuerda.

Es corteza de un árbol tatuado con una navaja

o el caparazón de un grillo que se raspó contra la amapola.

Soy un sol blanco que rueda por el desierto,

y los hombres me miran cubriéndose la cara.


*

Lloramos para interrumpir

el desierto de los ojos
así como indagamos la vida
para descansar de la muerte.
Los recuerdos que oculto

terminarán aullando.

*

¿Madre, te acuerdas de los niños

que lanzaban piedras a nuestra casa?

¿Por qué no les dijiste que sus sueños

caerían con más violencia? 

*

Soy el bolsillo expuesto de mi cuerpo.

Los días como una tijera.

Despierto y digo en voz alta la oración

de mi abuela analfabeta

y corto el miedo con mi lengua.


 *

Chernóbil 


Hay días blancos y días negros,

antes de mi nacimiento un día negro explotó,

y mi abuelo no vio más colores. Los sobrevivientes

pudieron escribir su nombre en la ceniza y volver

a la oscuridad del hogar.




*Nacida en Gómel (Bielorrusia) en 1986, Natalia Litvinova es poeta, editora y traductora. Ha publicado Esteparia, Balbuceo de la noche, Grieta, Rocío animal, Todo ajeno, Cuerpos textualizados, Cesto de trenzas y está por presentar su más reciente poemario Siguiente vitalidad.

 Junto con Javier Galarza. Compiló y tradujo las antologías El ruido de la existencia (2013) de los poetas rusos Vladislav Jodasevich y Serguéi Esénin; y El espejo equivocado (2013) de Cherubina de Gabriak. Actualmente imparte talleres presenciales y virtuales acerca de la historia de la poesía y la producción de textos. 

martes, 17 de julio de 2018

Ser Paloma

Lila Downs y Carla Morrison (2018)

Ser Paloma

Ni en mi sueño, ni mi madrugada
Ya no mandas, ya no mandas tú
Ni en mi casa, ni en mi vida
Ya no mandas, ya no mandas tú

Si yo fuera, si yo fuera una paloma
Volaría lejos de aquí
A otros brazos a dormir
Si pudiera, si pudiera yo decirte
Lo que tú eres para mí;
Es que yo volví a vivir

Siempre vuelvo, voy dentro de mí
Este vuelo de mi vida;
Mi respiración volverá

Ni en mi sueño, ni mi madrugada
Ya no mandas, ya no mandas tú
Ni en mi casa, ni en mi vida
Ya no mandas, ya no mandas tú

Si yo fuera, si yo fuera una paloma
Volaría lejos de aquí
A otros brazos a dormir
Si pudiera, si pudiera yo decirte.

Ser Paloma
Lila Downs
Featuring Carla Morrison
Produced by Aneiro Taño and Lila Downs
Album Salón, Lágrimas y Deseo
 
Ni en mi sueño, ni mi madrugada
Ya no mandas, ya no mandas tú
Ni en mi casa, ni en mi vida
Ya no mandas, ya no mandas tú

Si yo fuera, si yo fuera una paloma
Volaría lejos de aquí
A otros brazos a dormir
Si pudiera, si pudiera yo decirte
Lo que tú eres para mí;
Es que yo volví a vivir

Siempre vuelvo, voy dentro de mí
Este vuelo de mi vida;
Mi respiración volverá

Ni en mi sueño, ni mi madrugada
Ya no mandas, ya no mandas tú
Ni en mi casa, ni en mi vida
Ya no mandas, ya no mandas tú

Si yo fuera, si yo fuera una paloma
Volaría lejos de aquí
A otros brazos a dormir
Si pudiera, si pudiera yo decirte





Nos unimos a esta gran campaña! #VámonosRespetando

Seguir pese a todo



Foto: Raquel Beck. (Fan page, FB)
Raquel Beck


12/Junio/2018


J. dice que he cambiado mucho.
Lo dice porque no abrazo con la misma fuerza, y no canto cuando subo las escaleras.
Aunque he aprendido a bailar con cualquier música triste.
J. me pregunta si estoy bien.
Quiere saber si soy feliz.
«He aprendido a sonreír», digo para mí.
Que triste que la respuesta sea esa.
Tengo la mirada cansada y el corazón con ojeras.
Ha pasado el tiempo rápido y el daño lento.
Quizás todo lo que consigo explicar es que los «no puedo» me pudieron, que el miedo estaba en medio
y yo me quedé fuera.
Las peores palabras me las he dicho yo misma y todavía no consigo olvidarlas.
Y escribo de lo que no hablo porque entre mis cuatro paredes vive alguien que quiere ser libre.
En mi soledad he aprendido que está más solo quien no se tiene consigo, aunque alguien le acompañe.
Supongo que todos nos hemos dejado caer sobre alguien por olvidar las caídas con herida,
pero nadie podrá sanarte por dentro desde fuera.
J. dice «quiero que sepas que no has perdido tu valor» y a mí se me hace un nudo en la garganta.
Escucho mis disparos.
Soy yo gritándole a mi reflejo que no se quiere.
Son mis errores en eco.
Aceptarse a uno mismo es difícil.
Todo lo que he perdido se está buscando.
Parece que no pero el camino sigue,
la felicidad se persigue
pero solo estando bien con uno mismo se consigue.

Foto: Raquel Beck. (Fan Page, FB)


Raquel Beck:
Instagram: @raquelbeck_
Youtube: Raquel Beck
TW: @poesiadeuncaos

Para Jesús Ernesto




Mi carta al hijo de AMLO

Paloma Villanueva

Jue, 07/05/2018 - 20:26

Hola Jesús Ernesto, no te conozco ni tú a mí, pero al igual que millones de personas en México, te vi a ti y a tu familia en la televisión durante la transmisión del discurso que tu papá dio en el Zócalo luego de ganar la elección presidencial.

Te escribo esta carta porque sé que hay personas que han utilizado sus redes sociales para criticarte porque no les gusta tu mechón rubio. Te han lanzado insultos y hasta te han juzgado porque masticas chicle.

Primero quiero decirte que te envío un abrazo como el que tú nos mandaste aquella noche que saliste en televisión.

Sé que estas agresiones podrían hacerte sentir enojado y triste, es parecido a lo que muchas personas vivimos cuando íbamos a la escuela y nos insultaban por ser muy gordas o muy flacas, por tener pecas, por usar lentes o por ser morenas. Es así pero multiplicado por mil.

Debes saber que lo que te está pasando se llama racismo y clasismo, que no es tu culpa y que no está bien. No debería pasarte a ti, ni a ninguna otra persona. En especial, no debería pasarle a ningún niño o niña.

Nuestro México es un país en el que convivimos personas muy diversas. Tenemos distintos colores de piel, nacimos en familias que están conformadas de manera diferente, pertenecemos a múltiples etnias por lo que hablamos diferentes lenguas, no todas tenemos la misma orientación e identidad sexual, nuestros cuerpos son distintos y, por supuesto, tenemos gustos, aficiones, talentos, miedos y sueños diferentes. Esto de ninguna manera significa que hay personas de primera y personas de segunda. Todas somos personas, en este caso personas mexicanas, y todas tenemos los mismos derechos.

Quiero contarte que en mis 30 años de vida, esta es la primera vez que la familia de quien será presidente de mi país, se parece a mi familia. Nosotras somos personas morenas, nuestros cuerpos no son extremadamente esbeltos ni llevamos peinados de salón de belleza, mi papá usa huaraches de su pueblo de Michoacán y no vestimos con ropa de diseñador. Nos parecemos, ¿no? Y a mí eso me da muchísimo gusto.

Mi alegría no es por el partido al que pertenece tu papá -quien por cierto ha prometido muchas cosas que ahora tiene que cumplir-, sino porque tu papá es tan moreno como mi mamá y mis tías, y porque tu mamá con sus ideas feministas ¡se parece muchísimo a mí!

Lo que intento transmitirte es que hay muchos niños, abuelas, adultos, papás, mujeres y niñas como tú en nuestro país. Que puedes pintarte un mechón rubio, usar el cabello largo, masticar chicle y vestirte como quieras, y eso está bien si a ti te hace feliz.

Y a quienes te han atacado y agredido en redes sociales, te propongo que les enviemos el siguiente mensaje: ¿Por qué agredes al hijo de AMLO? ¿Sólo porque no se parece a ti?


Tomado de: Carta al hijo de AMLO