Macanudo de Liniers

Macanudo de Liniers
"¿Y si no fuésemos otra cosa que los brazos de una voz?" Decir. Maliyel Beverido

martes, 11 de noviembre de 2014

Visión revolucionaria femenina


Revolucionarias. Algunas de ellas tenían el grado de Coronelas o Generalas.

En el espacio bélico de la bien afamada novela de la revolución mexicana, un cartucho femenino se carga de signos y revienta en 1931: es Cartucho de Nellie Campobello. Una serie de relatos que atestiguan, recreándolos,  episodios del movimiento armado principalmente en Parral, que se convierte en el espacio representativo de la lucha en el norte de México, sobre todo de los estados de Durango y Chihuahua.

Nellie Campobello y su libro Cartucho.
Los episodios que se narran surgen de la memoria almacenada en la mente de una niña. De ahí, después de una tregua de distanciamiento histórico y geográfico, la escritora realiza un trabajo estético y de creación literaria. Va soldando una cadena narrativa, que se forma como una cartuchera de recuerdos, con la que salda una deuda ética personal.
El título se dispara desde todos lados.  Cada relato es un tiro que da al blanco que internamente es observado por una niña y externamente le traspasa al lector a través del impacto que provoca la autora al contarlo. Cartucho de pólvora y de tinta.

Nació el 07/11/1900 y su verdadero nombre fue María Francisca Moya Luna.


Nellie Campobello fue una escritora memorable por varias razones: su valor testimonial, su refinadísima percepción artística y su extraña mirada autobiográfica. La propia familia, con la madre al frente, fue  testigo del Villismo en Parral. A través de medio centenar de relatos breves, algunos entre los más singulares de la lengua, Cartucho saca a la narrativa de la Revolución Mexicana de la demagogia populista y de la retórica, dizque republicana, del heroísmo pretoriano. La suya es una voz que elige uno de los artificios literarios más difíciles de lograr: la impostación verosímil de la guerra civil desde un punto de vista infantil. Quien narra en Cartucho es una niña y un verdadero "monstruo" por su visión enternecida y minuciosa de la muerte. Los capitanes de Villa, Doroteo Arango mismo, así como el fusilamiento y los fusilados se convierten, gracias a Campobello, en el imaginario de la Revolución Mexicana.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Relatividad del tiempo

Ilustración de Catrin Welz-Stein.


Recuerdo mi niñez

cuando yo era una anciana

Las flores morían en mis manos

porque la danza salvaje de la alegría

les destruía el corazón.

Recuerdo las negras mañanas de sol

cuando era niña

es decir ayer

es decir hace siglos.

Alejandra Pizarnik

sábado, 8 de noviembre de 2014

No hay que rendirse

Juan Gelman


Durante su vida, el poeta Juan Gelman, combatió contra todo lo que le parecía mal. Fue un artista comprometido con sus ideas, aun cuando las mismas generaran fuerte controversia. En los años 70 formó parte de Montoneros. Como él, también su hijo Marcelo militó en la izquierda.
En 1976, Marcelo y su esposa María Claudia García Irureta Goyena, de 19 años. Ella estaba embarazada de siete meses cuando ambos fueron secuestrados el 24 de agosto. Los restos de Marcelo aparecieron trece años después en un tanque de 200 litros en el río San Fernando. Claudia nunca fue encontrada. Según testimonios, sus últimos pasos fueron en Uruguay, en una unidad de inteligencia de Bulevar Artigas. Allí se la vio con su bebé en brazos. La verdad sobre la menor se conoció a fines de la década de los 90 y principios de 2000. 

La carta de Gelman mientras seguía buscando a su nieta 

*En 1995, Gelman, había escrito una carta a esa presunta nieta (o nieto) que tuvo gran repercusión en los medios. El texto se convirtió en un símbolo de la lucha contra la impunidad. Unos años después pudo conocer a Macarena, entonces de 23 años.

*Esta carta había sido escrita cuando todavía no sabía que su nieto (o nieta) había podido nacer en Uruguay. Se enteró de esa posibilidad a finales de 1998 y empezó sus trámites con el presidente Uruguayo Julio María Sanguinetti en 1999.


Montevideo, el 23 de diciembre de 1998

Dentro de seis meses cumplirás 19 años. Habrás nacido algún día de octubre de 1976 en un campo de concentración. Poco antes o poco después de tu nacimiento, el mismo mes y año, asesinaron a tu padre de un tiro en la nuca disparado a menos de medio metro de distancia. Él estaba inerme y lo asesinó un comando militar, tal vez el mismo que lo secuestró con tu madre el 24 de agosto en Buenos Aires y los llevó al campo de concentración Automotores Orletti que funcionaba en pleno Floresta y los militares habían bautizado "el Jardín". Tu padre se llamaba Marcelo. Tu madre, Claudia. Los dos tenían 20 años y vos, siete meses en el vientre materno cuando eso ocurrió. A ella la trasladaron -y a vos con ella- cuando estuvo a punto de parir. Debe haber dado a luz solita, bajo la mirada de algún médico cómplice de la dictadura militar. Te sacaron entonces de su lado y fuiste a parar -así era casi siempre- a manos de una pareja estéril de marido militar o policía, o juez, o periodista amigo de policía o militar. Había entonces una lista de espera siniestra para cada campo de concentración: Los anotados esperaban quedarse con el hijo robado a las prisioneras que parían y, con alguna excepción, eran asesinadas inmediatamente después. Han pasado 12 años desde que los militares dejaron el gobierno y nada se sabe de tu madre. En cambio, en un tambor de grasa de 200 litros que los militares rellenaron con cemento y arena y arrojaron al Río San Fernando, se encontraron los restos de tu padre 13 años después. Está enterrado en La Tablada. Al menos hay con él esa certeza.

Me resulta muy extraño hablarte de mis hijos como tus padres que no fueron. No sé si sos varón o mujer. Sé que naciste. Me lo aseguró el padre Fiorello Cavalli, de la Secretaría de Estado del Vaticano, en febrero de 1978. Desde entonces me pregunto cuál ha sido tu destino. Me asaltan ideas contrarias. Por un lado, siempre me repugna la posibilidad de que llamaras "papá" a un militar o policía ladrón de vos, o a un amigo de los asesinos de tus padres. Por otro lado, siempre quise que, cualquiera hubiese sido el hogar al fuiste a parar, te criaran y educaran bien y te quisieran mucho. Sin embargo, nunca dejé de pensar que, aun así, algún agujero o falla tenía que haber en el amor que te tuvieran, no tanto porque tus padres de hoy no son los biológicos -como se dice-, sino por el hecho de que alguna conciencia tendrán ellos de tu historia y de cómo se apoderaron de tu historia y la falsificaron. Imagino que te han mentido mucho.


 
Juan Gelman y su nieta Macarena
También pensé todos estos años en qué hacer si te encontraba: si arrancarte del hogar que tenías o hablar con tus padres adoptivos para establecer un acuerdo que me permitiera verte y acompañarte, siempre sobre la base de que supieras vos quién eras y de dónde venías. El dilema se reiteraba cada vez -y fueron varias- que asomaba la posibilidad de que las Abuelas de Plaza de Mayo te hubieran encontrado. Se reiteraba de manera diferente, según tu edad en cada momento. Me preocupaba que fueras demasiado chico o chica -por ser suficientemente chico o chica- para entender lo que había pasado. Para entender lo que había pasado. Para entender por qué no eran tus padres los que creías tus padres y a lo mejor querías como a padres. Me preocupaba que padecieras así una doble herida, una suerte de hachazo en el tejido de tu subjetividad en formación. Pero ahora sos grande. Podés enterarte de quién sos y decidir después qué hacer con lo que fuiste. Ahí están las Abuelas y su banco de datos sanguíneos que permiten determinar con precisión científica el origen de hijos de desaparecidos. Tu origen.

Ahora tenés casi la edad de tus padres cuando los mataron y pronto serás mayor que ellos. Ellos se quedaron en los 20 años para siempre. Soñaban mucho con vos y con un mundo más habitable para vos. Me gustaría hablarte de ellos y que me hables de vos. Para reconocer en vos a mi hijo y para que reconozcas en mí lo que de tu padre tengo: los dos somos huérfanos de él. Para reparar de algún modo ese corte brutal o silencio que en la carne de la familia perpetró la dictadura militar. Para darte tu historia, no para apartarte de lo que no te quieras apartar. Ya sos grande, dije.


Juan Gelman y su nieta, Macarena Gelman. (2012)
Los sueños de Marcelo y Claudia no se han cumplido todavía. Menos vos, que naciste y estás quién sabe dónde ni con quién. Tal vez tengas los ojos verdegrises de mi hijo o los ojos color castaño de su mujer, que poseían un brillo especial y tierno y pícaro. Quién sabe cómo serás si sos varón. Quién sabe cómo serás si sos mujer. A lo mejor podés salir de ese misterio para entrar en otro: el del encuentro con un abuelo que te espera.
12 de abril de 1995

PD. Automotores Orletti, como es notorio ya, fue centro de la Operación Cóndor en la Argentina. Allí hubo tráfico de embarazadas y de niños secuestrados entre las fuerzas de seguridad de las dictaduras militares del cono sur. Allí operaron represores uruguayos. Mi nieta o nieto, ¿nació en algún centro clandestino de detención del Uruguay?
5 de diciembre de 1998


**El primer encuentro entre abuelo y nieta fue en un bar de la Plaza Independencia. Ella no sabía quién era ese hombre. Pero se convirtió en una fuerte defensora de los derechos humanos, y adquirió la nacionalidad argentina. La niña resultó ser era una joven de 23 años, estudiante de química, que vivía una vida normal, alejada del ruido político. Vivía bajo el nombre de Macarena Tauriño y era la hija de un matrimonio formado por un policía con fuertes vínculos con la dictadura. Tauriño había muerto unos pocos meses antes de que el presidente Jorge Batlle diera a luz pública el hecho.




Juan Gelman.
Oración de un desocupado

                                                         Juan Gelman


Padre,
     desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.

Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay,
                    bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
               este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
tócame el alma, mírame
el corazón,
yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean,
te digo que no entiendo, Padre, bájate,
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más, tengo riñones
y soy un hombre,
            bájate, ¿qué han hecho
de tu criatura, Padre?
            un animal furioso
que mastica la piedra de la calle.





jueves, 6 de noviembre de 2014

Programa La Varonita en La Gazeta TV del martes 4 de Noviembre

Les dejo el programa correspondiente al martes 4 de Noviembre. Espero que lo disfruten y nos vemos el próximo martes 11,EN VIVO en punto de las 5:00 pm.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Nos duele Ayotzinapa

Escritores hablan sobre Ayotzinapa



#IlustradoresConAyotzinapa. http://ilustradoresconayotzinapa.tumblr.com/


La petición es simple: queremos justicia. Justicia para los 43 estudiantes desaparecidos y para sus familias. Justicia para los otros miles de personas cuyo paradero se desconoce desde la década pasada, víctimas de la violencia criminal pero también, en muchas ocasiones, de las violencias de autoridades de todos los niveles. Esa justicia debe pasar por dar a conocer el destino de todos los desaparecidos, por el retorno de los que aún estén con vida y por el castigo a los responsables de su desaparición. Y esa justicia debe ser el primer paso de otras que se nos deben: trato justo para quienes no forman parte de ninguna élite, trato justo para vivir cotidianamente sin miedo, trato justo para no sacrificar nuestro presente, y el futuro de los que vendrán todavía, al beneficio de unas pocas personas. Alberto Chimal

Cuando alguien sin cara y sin nombre muere, se borra en el mapa del mundo el nombre de un país. “Los estudiantes” de Iguala, nuestros estudiantes desaparecidos, son las víctimas del poder guerrerense cuyos tentáculos han venido proyectándose con la más fría crueldad, a la que hoy debemos, sí, darle un nombre. De otra forma, dejaremos de verla. Jeannette L. Clariond

La fosa de la abundancia / Dijeron el horror y la demencia a la mexicana: Celebremos a los estudiantes el próximo 2 de octubre con otro sacrificio en grande Señor Matanza Señora Saña / René Descartes en boca florida o el racionalismo puesto de bruces por los torturadores: “PIENSO LUEGO ME DESAPARECEN”(pinta en Av. Reforma Ciudad de México marcha de protesta #TodosSomosAyotzinapa 8 octubre 2014) / Cuando el destino o las metáforas nos alcanzan —y a la vez no alcanzan / México es un corazón en formol como sugiere la brillante novela de Carla Faesler / También como escribió en twitter Antonio Ortuño el 5 de octubre pasado: “una fosa común con 120 millones de muertos” / Nuestra triste abundancia. Ana Clavel

Dirán que la masacre de Ayotzinapa, como Aguas Blancas, como la otra, serviría para detener esto. Yo no creo que las masacres sirvan para nada (y tampoco lanzarle piedras al ingeniero Cárdenas). Tampoco sirve un orden militar que se usa para reprimir y coludirse a ratos con los malos. Serviría un estado de derecho al que los ciudadanos nos pudiéramos acoger, sin corrupción y sin reveses, sin que los políticos, los funcionarios, los policías, se vendieran al crimen. Ana García Bergua


#IlustradoresConAyotzinapa. http://ilustradoresconayotzinapa.tumblr.com/


El secuestro de 43 jóvenes normalistas en Iguala, Guerrero, podría haberse sumado a la  montaña de atrocidades que han sucedido en los últimos años en México, pero no ha sido así. Queriendo acallar a los normalistas, han hecho hablar a cientos de miles de personas que no han dejado de manifestar su hartazgo en las semanas siguientes al secuestro, y que exigen un alto a la impunidad. Pocas veces ha sido tan clara la complicidad entre fuerzas del Estado y crimen organizado, y en esta ocasión las autoridades tendrán que hacer mucho más que conferencias de prensa para volver a ganar legitimidad entre los ciudadanos. Yuri Herrera

Hace poco, mientras dábamos un taller al alimón en la Universidad del Claustro de Sor Juana sobre las Grandes esperanzas de Charles Dickens, mi colega y amigo Miguel Cane ofreció la siguiente explicación del género gótico a nuestros alumnos: el pasado mata al presente, les dijo, con tal de que no tenga futuro. Ese pasado suele encarnarse en algún monstruo atávico –digamos que un vampiro– que brota de las tinieblas y victimiza a jóvenes tales como la hermosa Mina, chupándoles la vitalidad para impedir que busquen la felicidad en el seno protector de su entorno. Fuera del inocuo ámbito ficticio, desde hace un mes nos reclama la realidad innegable de que los males endémicos de México se han apoderado del poder en Ayotzinapa, matando el anhelo de progreso que representan los 43 estudiantes normalistas desaparecidos. Si es que nos queda esperanza alguna en el fondo de estas fosas de Pandora que se van abriendo por doquier, no es grande, como la esbozada por Dickens, sino pequeña, flaca, debilitada. Casi exangüe. Tendremos que esmerarnos al alimentarla, si queremos evitar que se nos pierda para siempre. Tanya Huntington

Me siento rebasado de realidad, es decir, me siento muy cercano a mi muerte, no en un sentido temporal (a saber cuándo sucederá) sino en un sentido, tal cual, físico. La desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa –y, mucho me temo, su asesinato, aunque aún esperemos y pidamos lo imposible: que aparezcan con vida, pese a las demasiadas fosas– me tiene en un estado de vigilia permanente: por las noches, duermo mal y me despierto mucho antes del inicio de la madrugada, desconcertado por estar (tan) vivo. Y es que, así lo siento, hay algo lúcidamente muerto en mí y en la constatación de que México, mi país, está en el hoyo, metáfora aparte. El problema no es la izquierda ni la derecha: es la clase política entera, ávida de poder y rendida a la manos (in)visibles del capital. ¿Qué vale una vida humana en México, hoy? Nada. Allí está el basurero de Cocula, rodeado de cuerpos –aún anónimos– en sus inmediaciones: desechos humanos, imposibles de reciclar. El tamaño del horror rebasa los cientos de miles de muertos y desaparecidos acumulados en este par de sexenios recientes. El conteo, hoy, se detiene en 43, un número de pronto más humano, manejable, comprensible, alcanzable, mesurable de inmediato: 43 que bien pueden ser los miembros todos de una familia extendida. Y eso, precisamente eso, es lo que me provoca la palabra Ayotzinapa y la realidad que me rebasa: la comprensión que, de pronto, toda mi familia podría desaparecer, así, sin más, en México, mi país. David Miklos



Poema Ayotzinapa. David Huerta.

Si el Estado existe para salvaguardar las garantías individuales, si el primer artículo de la Constitución Mexicana está dedicado a ese tema ¿por qué es el propio Estado el que aniquila a sus conciudadanos? ¿por qué nuestros jóvenes mueren a manos de ese Estado sin razón alguna? Nuestros desaparecidos rebasan con creces a los desaparecidos de Argentina y Chile durante las dictaduras más sangrientas. La tolerancia ya no es, no puede ser, una opción. Rose Mary Salum

Solo en un país donde la desaparición y los asesinatos forman parte de una cultura siniestra que ha inundado todos los ámbitos de la sociedad, una organización política y militar es capaz de hacer desaparecer 43 personas frente a los ojos del mundo entero. Ayotzinapa no es el producto de una pareja de dementes al mando del municipio de Iguala, la tragedia de Ayotzinapa comenzó a escribirse hace décadas en todo México. Mauricio Tolosa

Mi abuelo, un campesino morelense, desapareció un día hace mas de cuarenta años. Subió a un camión de pasajeros junto con las cajas de fruta que iba a vender a un pueblo vecino. Por la tarde, el chofer del camión devolvió las cajas repletas de duraznos y aguacates a mi abuela. Dijo que no había visto nada. No sabía nada. Los rumores eran que lo habían matado y echado a una barranca, pero nunca encontraron su cuerpo ni alguna otra señal que diera indicios de su paradero. Esa ausencia ha gravitado y dolido siempre en la familia de mi madre. Mi abuela esperaba volver a verlo cada día, hasta su muerte. Nunca sucedió. No hubo una lápida, un certificado de defunción, una constancia de algo. Lugar común decir que este es un país de impunidad. Pero así es. Y la historia, las experiencias, parecen no dejar huella. Hace algunas semanas estuve con mi hijo, un niño de diez años, en el Festival Internacional Cervantino en Guanajauto. Mientras caminábamos, nos encontramos con un grupo grande de estudiantes que protestaba por la desaparición de sus compañeros en Ayotzinapa. Mi hijo me preguntaba por qué gritaban tan fuerte, por qué estaban tan enojados. Se me hizo un nudo en la garganta tratando de explicarle, como alguna vez alguien trató de explicarme la desaparición del abuelo. O las muertes de los muchachos en el 68. ¿Por qué tenemos que seguir explicando estas ausencias, buscando sentido a lo que no lo tiene? ¿Qué le pasa a este país que siguen matando a sus estudiantes? Socorro Venegas

El PRI regresó al poder montado en el tranvía de la inseguridad y el miedo. Presumían saber como regresar al genio del narco a su botella. Perdimos de vista que el narco es tan sólo una forma de comercio ilícito altamente remunerado que usa el crimen organizado para financiarse y sostener su impunidad. No tenían idea ni intenciones de someter a quienes sostienen la botella. La tragedia de Ayotzinapa, el asesinato de seis estudiantes normalistas y la desaparición de 43 más, es otra faceta de la zona de guerra que es México. Por su brutalidad este crimen ha logrado despertar a una población insensibilzada por la violencia, ha sacudido la modorra complaciente de una clase media vapuleada y nos ha recordado que los asesinos deciden nuestro destino. Estamos poniendo atención finalmente. ¿Volveremos a dejarnos intimidar, volveremos a refugiarnos en la complicidad del silencio? ¿Seguiremos siendo una nación de cobardes que desfilan sobre un desierto de restos humanos persiguiendo la sombras de los zopilotes? Nadie tiene la obligación de enfrentar una AK47. Casi nadie está obligado a sacrificar su tranquilidad para que otros puedan dormir tranquilos, para que los jóvenes puedan volver a casa, para que dejemos de ser un chiste cruel entre las naciones. ¿Seguimos despiertos todavía? Naief Yehya

Octubre de 2014



#IlustradoresConAyotzinapa. http://ilustradoresconayotzinapa.tumblr.com/

Óscar Chávez: Paráfrasis pertinentes y dolorosas


Carmina Cannavino. Versos de Ayotzinapa
http://www.youtube.com/watch?v=9i8SEy2V5jw


lunes, 3 de noviembre de 2014

Ayotzinapa

Altar a los 43 normalistas de Ayotzinapa. Poema de David Huerta. Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca.

Foto: Tryno Maldonado. 

AYOTZINAPA

Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras
Los muertos tienen manos
Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable
Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó
Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes
Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía
El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país
Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos
Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto
Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer
Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río
Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa
Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos
Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido.

*David Huerta

2 de noviembre de 2014. Oaxaca

Foto Tryno Maldonado.

Tryno Maldonado poniendo una veladora en el altar a los 43 normalistas de Ayotzinapa.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Paseo dominical

Domingo en la isla de Elefanta

                                                                                   Octavio Paz



Invocación

Shiva y Parvati:
los adoramos
no como a dioses,
como a imágenes
de la divinidad de los hombres.
Ustedes son lo que el hombre hace y no es,
lo que el hombre ha de ser
cuando pague la condena del quehacer.
Shiva:
tus cuatro brazos son cuatro ríos,
cuatro surtidores.
Todo tu ser es una fuente
y en ella se baña la linda Parvati,
en ella se mece como una barca graciosa.
El mar palpita bajo el sol:
son los gruesos labios de Shiva que sonríe;
el mar es una larga llamarada:
son los pasos de Parvati sobre las aguas.
Shiva y Parvati:
la mujer que es mi mujer
y yo,
nada les pedimos, nada
que sea del otro mundo:
sólo
la luz sobre el mar,

la luz descalza sobre el mar y la tierra dormidos.


***


Mar por la tarde

                                                              A Juan José Arreola



Altos muros del agua, torres altas,
aguas de pronto negras contra nada,
impenetrables, verdes, grises aguas,
aguas de pronto blancas, deslumbradas.

Aguas como el principio de las aguas,
como el principio mismo antes del agua,
las aguas inundadas por el agua,
aniquilando lo que finge el agua.

El resonante tigre de las aguas,
las uñas resonantes de cien tigres,
las cien manos del agua, los cien tigres
con una sola mano contra nada.

Desnudo mar, sediento mar de mares,
hondo de estrellas si de espumas alto,
prófugo blanco de prisión marina
que en estelares límites revienta,

¿qué memorias, qué rocas, yelos, islas,
informe confusión de aguas y nada,
qué mares, encendidos prisioneros,
dentro de ti, bajo tu pecho, cantan?

¿Qué violencias recónditas, qué labios,
conmueven a tu piel de verdes llamas?,
¿qué desoladas aguas, costas solas,
qué mares invisibles, mar, alías?,

¿dónde principias, mar, dónde te viertes?,
¿dónde principias, tiempo, vida mía,
ejército de humo y de mentira,
adónde vas, latido, carne, sueño?

¿Dónde te viertes, avidez de nada?
No soy la piedra que se precipita,
soy su caída, y más, soy el abismo,
el círculo de sombra en que se ahonda.

Tiempo que se congela, mar y témpano,
vampiro de la luna? o se despeña:
madre furiosa, inmensa res hendida,
mar que te comes vivas las entrañas.